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miércoles, 24 de abril de 2013

INVERNAL AL ALTO DEL CASTILLEJO (1.977 M) SIERRA DE GÁDOR (13/FEBRERO/2010)

De nuevo, y ya van unas cuantas, una borrasca se viene a pasar el fin de semana por estas latitudes. En esta ocasión, además coincide con el campamento invernal del Club y con que mi hermano baja de Madrid con la intención de compartir un rato de monte. A medida que el viernes avanza la cosa va pintando cada vez más fea: no para de llover y el frío en la ciudad parece anunciar nieve abundante en las alturas. Pronto mi hermano me comunica que se queda en Granada, ya que la carretera está cerrada por la nieve tanto por Iznalloz, como por el Puerto de la Mora. Aún quedan los compañeros del Club que en la sede, entre cerveza y vinillo para entrar en calor, se debaten entre mantener la convocatoria del campamento o suspender. Finalmente sobre las once de la noche recibo un mensajillo indicándome la decisión final: dejarlo para mejor ocasión. Aunque no dudo de su buen juicio (el día pinta bastos), tengo ya los bártulos listos y ya he quedado con el amigo José Omar, por lo que decido probar suerte mañana, aunque solamente sea por ver el panorama.
Asomando al Barranco de las Fuentes
Amanece cubierto, aunque la lluvia parece que nos da una breve tregua. Ahora la cuestión es hacia dónde tirar. Dadas las condiciones reinantes, me decido por Sierra de Gádor, un buen comodín para estas ocasiones. La zona de Dalías siempre suele dar buen juego cuando Sierra Nevada está muy cargada de nieve. Además, está más cerca y si tampoco se puede hacer nada por allí, por lo menos el viaje es más corto. Pronto nos percatamos que la lluvia no tiene intención de abandonarnos y nada más entrar en la autovía nos acompaña una persistente llovizna que se va transformando en aguacero a medida que nos desplazamos hacia el oeste. Además, la temperatura que marca el termómetro del coche, 3ºC, es bastante baja para estos lares. Aún así, la nieve no asoma muy baja por la sur de Sierra de Gádor.
Tras una parada en la Venta el Pampanico para echar un cafetito, iniciamos la subida por la pista del Arroyo de Celín. Nuestra intención es subir el coche hasta el Cortijo Clavero o hasta donde buenamente podamos. Hasta Clavero (1.200 m) no encontramos ningún problema, apenas restos de una rala nevada y la pista en perfecto estado. El coche lo dejamos antes de lo que parece ser la entrada a la propiedad. Afortunadamente el cahaparrón ha dejado paso a un fugaz, pero persistente calabobos. Nos equipamos con todo lo que llevamos para la lluvia con la vana esperanza de no mojarnos o al menos no demasiado, e iniciamos ruta por el trazado del PR A-113. Aún no tengo claro qué recorrido hacer, aunque empiezo a rumiar la posibilidad de intentar el Alto del Castillejo, una ascensión que siempre me ha resultado muy satisfactoria. Así que dejamos a nuestra derecha el sendero que sale en dirección al Reventón y continuamos la marcha camino del Cortijo Chiclana. Desde las ruinas de este cortijo hasta la fuente y balsa que hay tras vadear el Barranco del Coto, la traza del sendero está algo perdida, aunque es un corto trecho y no resulta difícil de retomar de nuevo si nos orientamos con los visibles zizagueos de la senda que se pueden distinguir enfrente nuestra (la conocida “Eme”). Hacia allí nos dirigimos con paso alegre, no sin antes echar un buchito de agua de la mencionada fuente. Al llegar al cruce con la senda de Castala (aproximadamente 1.350 m), comienza a caer aguanieve y el paisaje empieza a aparecer por primera vez cubierto de blanco. Continuamos nuestro camino por el PR A-113, ahora en dirección a Fuente de la Mosca. El ambiente, aunque no está todo lo nevado que esperábamos, es magnífico y nos anima a seguir a pesar de la humedad que empezamos a notar bajo los chaquetones. Y no parece que vaya a escampar.
Seguimos por el sendero, dejando atrás el vivac de Cortijo Robles y el cruce de la variante a la Covacha, hasta donde se inicia el cambio de vertiente y el descenso a la Fuente de la Mosca, sobre los 1.430 m. de altitud. Toca tomar una decisión, intentar o no hacer cumbre. Como el tiempo, aunque malo, se mantiene, no hace demasiado frío y el terreno es conocido, finalmente decidimos intentarlo. Aquí toca abandonar la comodidad de la senda e iniciar la ascensión de la cuerda sureste del Castillejo. El terreno se empina y al estar cubierto por nieve muy húmeda hace frecuentes nuestros resbalones. Pronto alcanzamos el sobresaliente encinar que cubre toda la vertiente sur del Pecho Cuchillo desde aproximadamente los 1.350-1.450 m.
En la cuerda SE del Castillejo. Empieza lo bueno
Seguimos a buen paso, pues la intención es no entretenerse demasiado por si el “marrón” dice de ir a peor. A medida que ganamos altura, el terreno va ganando ambiente y la nieve espesor. No nos arrepentimos de haber salido desde Clavero con bota “gorda” aunque hayamos perdido comodidad en los senderos. Pronto nos encontramos con el pequeño resalte que se trepa por un estrecho canalón o chimenea. Nos sacudimos bien la nieve, y extremando las precauciones para evitar resbalones, solucionamos esta fácil trepada.
La "trepadita"
La bajada por el otro lado presenta un espectacular aspecto, toda cubierta de nieve. Aquí también nos lo tomamos con calma para no meter la pata donde no debamos. Otra corta y húmeda trepada más y ya solamente nos quedan las últimas pendientes hasta la cumbre. Cada vez más nieve y más inclinación, por lo que los resbalones son más frecuentes.
La última rampa
Cuando pienso en la bajada, me río imaginando que algún que otro culazo será inevitable. Bajo una intensa nevada llegamos empapados al hito de piedras que marca la cima del Alto del Castillejo (1.977 m). No debemos perder tiempo, así que un par de fotos, barrita energética, trago de agua (como si hiciera falta...) y, echando leches, para abajo.
La cumbre
La bajada la hacemos siguiendo nuestros pasos. La nevada arrecia y los grandes copos se acumulan en las ramas de los árboles y arbustos que ya lucen una vistosa peluca blanca, ofreciendo imágenes tan bellas como la de un solitario arce blanqueado por la ventisca que emerge ante nuestros ojos entre la neblina.
El solitario arce
Rapidamente, y sin más percances que algún que otro inoportuno patinazo, nos plantamos de nuevo en el sendero. Ahora ya no nieva, aunque el aguanieve continúa empapándonos hasta el túetano. Para no repetir la ruta de subida, y como el PR A-113 es circular, nos marchamos en dirección a Fuente de la Mosca, donde nos sorprende el caudal de agua que circula por el Barranco del Coto. Desde aquí, la senda sortea un pequeño repecho hasta tomar la variante de las Minas del Peñoncillo por donde tiramos a buen ritmo en dirección a Cortijo Clavero. Las generosas lluvias de los últimos meses se hacen notar y encontramos mucha, mucha agua brotando por los pequeños e improvisados nacimientos. Pronto estamos en el cruce del “Reventón” y en la bajada a Clavero. Una vez en el coche, lo primero es quitarnos las húmedas y embarradas ropas y ponernos algo seco para intentar no perder temperatura. Ya conduciendo, nos metemos entre pecho y espalda los bocatas que tanto nos hemos ganado y que los “meteoros” no quisieron dejarnos comernos en su momento. Sin duda, el Castillejo nos ha ofrecido otro día soberbio de montaña. Por eso, esta es quizás la mejor ascensión de Sierra de Gádor.
Aventureros intrépitos: José Omar y José Salazar

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martes, 13 de marzo de 2012

UN “RULE” POR LOS “TRESMILES” ORIENTALES DE SIERRA NEVADA. PUNTAL DE LOS CUARTOS (3.154 M)

Ha llovido bastante, aunque no precisamente en este año, desde la última vez que coincidí con mi hermano Aitor, “Kanishe”, en el monte. Para tan memorable reencuentro elegimos la zona de los “Tresmiles” Orientales de Sierra Nevada desde su vertiente norte con la idea de completar una buena “alpargatá”. Vamos, dicho en otras palabras, amortizar la suela de las botas. Así, el sábado por la mañana, mientras el Duque de Pon-la-Palma (Urdangarín, para los no versados en aristocracia, ni en cleptomanía) entraba en los juzgados de Palma, me encontraba con Aitor en el Refugio de Postero Alto (1.850 m).
Primeros pasos con el Picón de Jeres como telón de fondo
Sin perder tiempo estamos caminando con los morrales al hombro rumbo al Puerto de Trevélez, paso tradicional de ganado desde el Marquesado del Zenete a la Alpujarra (Cañada Real de Trevélez). Encontramos nieve desde el refugio, aunque con muy poco espesor y con una dureza adecuada que facilita el caminar sin necesidad de crampones. A la altura de donde se encontraba la desaparecida “Casilla de los Rojos”, dejamos la Cañada Real de Trevélez y nos dirigimos directamente hacia la Piedra de los Ladrones, ya en las cercanías de la cota de los tres mil metros. Un buen sitio para hacer una breve parada para el avituallamiento. El día luce magnífico y a esta altura tenemos que echar mano a los chaquetones para protegernos de la rasca que sopla por aquí.
Kan se pelea con las duras rampas en las cercanías de la Piedra de los Ladrones
Continuamos ganando altura por la cuerda rumbo a Cerro Pelao (3.143 m), nuestra primera cumbre del día, cima, por cierto, de controvertida toponimia, ya que el IGN da este nombre al colindante Horcajo, mientras que a ésta la denomina Puntal de Juntillas. Incluso en cartografía antigua aparece como Cerro de las Tres Lindes, al ser límite entre los términos municipales de Jeres del Marquesado, Güejar Sierra y Trevélez. En cualquier caso, yo me quedo con los nombres de Cerro Pelao y, en consecuencia, Horcajo para su vecino, que son los que hemos utilizado tradicionalmente los montañeros almerienses.
Camino de Cerro Pelao con las estribaciones orientales de Sierra nevada a nuestras espaldas
Tras un pequeño respiro, seguimos la cuerda en dirección Oeste para asomarnos a los vertiginosos Tajos Negros de Covatillas sobre los Lavaderos de la Reina. Un pequeño descenso y una corta arista, donde dejamos las mochilas, nos llevan a la segunda cima del día (sin nombre en la cartografía, 3.115 m), desde donde continuamos hasta el Puntal de los Cuartos (3.154 m), nuestra mayor altura del día. Allí disfrutamos de una vista privilegiada de la elegante Norte de la Alcazaba, la Gran Dama de Sierra Nevada, y sus impresionantes Tajos del Goterón. El reloj marca ya las cuatro de la tarde, tiempo de darse la vuelta y empezar a buscar un emplazamiento protegido del viento para el vivac.
"Recortando silueta" en la aristilla sobre los Tajos Negros de Covatillas
Al fondo, de derecha a izquierda, el Horcajo y Cerro Pelao. También se aprecia claramente la arista sobre los Tajos Negros
Un pequeño respiro en la subida al Puntal de los Cuartos (3.154 m), la mayor altura del día.
Los últimos pasos hasta la cumbre del Puntal de los Cuartos (3.154 m)
Los "artistillas" en la cumbre del Puntal de los Cuartos (3.154 m)
Ya de vuelta, echando una mirada a los vertiginosos Tajos Negros de Covatillas
Así, desandamos nuestros pasos, recuperamos los “morrales” y en las cercanías de Cerro Pelao nos desviamos en dirección Norte hacia el Picón de Jeres (3.088 m), nuestra última cumbre del día. Allí esperamos poder refugiarnos en el corralillo de piedra que hay junto al vértice geodésico, pero lo encontramos cubierto de nieve. Como la rasca empieza a apretar, decidimos tirar directos hacia el Circo de Alhorí. Las fuertes pendientes que nos esperan nos aconsejan calzarnos los crampones por primera vez en el día. Craso error, encontramos una nieve sin transformar en la que nos hundimos hasta la rodilla y que se convierte en la trampa ideal para el fastidioso “cramponazo”. Nada, poco después acabamos por quitarnos los crampones. No es de extrañar que entre tanto vaivén un pequeño zorro con el que nos cruzamos nos eche una inquisitiva mirada en la que creo vislumbrar un reprobatorio “¡qué poco arte el de estos humanos!”.
¡¡¡Eiiinggg!!!¿Ande van estos dos humanos?
Ya en el Circo buscamos un pequeño abrigo natural un poco por encima del nacimiento del río Alhorí y que goza de fabulosas vistas sobre los tajos donde se forman las famosas cascadas y corredores que dan fama al lugar. Además, su orientación Sur permite disfrutar de bastantes horas de sol y de un calorcito que siempre es bien recibido en este inhóspito paraje. Buen lugar que compartimos con una joven montesa y que bautizamos como la “Cueva de los Accitanos”, ya que el amigo Antonio “4x4” vivaqueo aquí en alguna ocasión con montañeros de Guadix. Toca limpiar un poco la nieve, fundir algo de nieve para la sopa, charlar largamente sobre el día y tantas cosas que nos vienen a la cabeza en estos buenos momentos de monte, descojonarnos con alguna que otra “basteza”, para, finalmente, al calor del saco, dejarnos caer en los dulces brazos de Morfeo. Han sido casi 9 horas de actividad continua.
La entrada dela Cueva de los Accitanos, nuestro refugio por esta noche
Abro los ojos casi al tiempo que una tenue y delgada línea roja anuncia el amanecer sobre la cuerda de Sierra Nevada. En cuanto el sol empieza a calentar, saltamos de los sacos y preparamos el desayuno que nos toca compartir con nuestra vecina de apartamento, la cabra montés, que aunque muestra una clara preferencia por las almendras, no desprecia ni el salchichón ¡Es duro ser vegetariano a esta altura!
La delgada línea roja. Amanecer desde nuestra privilegiada habitación con vistas
Mientras oreamos los sacos entablamos conversación con nuestra vecina...
A ver si os estiráis con unas almendrillas...
La vuelta la hacemos por el río Alhorí, un recorrido de los que siempre acaba uno satisfecho, muy especialmente en esta época del año, cuando las nieves y los hielos le transfieren un fiero aspecto alpino. Así, paso a paso, concluimos un buen par de jornadas en la montaña que, como leí hace un tiempo, “nada hay tan bueno como el sol y el viento para disipar la insensatez de uno” (Epigramas de Roycroft).
Borbotones de hielo sobre el Río Alhorí
Croquis de nuestro recorrido

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martes, 17 de enero de 2012

EL MORRÓN DEL MEDIODÍA (2.756 M) Y UNA DESGRACIADA VACA CAZADA EN LA RAGUA (17/DICIEMBRE/2011)

Previo a las fiestas navideñas, duras en el noble arte del yantar y beber, decidimos acercarnos a la siempre elegante Norte del Morrón del Mediodía (2.756 m), un buen lugar donde quemar unas cuantas calorías y así hacer hueco para lo que está por venir... Sin embargo, mientras tomamos un cafetito en La Calahorra, ya amaneciendo, descubrimos un día cubierto y ventoso, vamos, de esos que injustamente se califican como “de perros”, que nos hace cambiar de planes. Rápidamente nos decidimos por la ruta más sencilla al Morrón: Desde la Ragua.
Superando las rampas de El Hornillo con un mar de nubes a nuestras espaldas
Camino del Puerto de la Ragua atravesamos un espeso manto nuboso, pero en las alturas el día luce despejado y fresco. Poca nieve cubre las cumbres, testimoniando que el otoño y comienzo del invierno han sido demasiado secos. Sin demoras acabamos de equiparnos y salimos en dirección de nuestra meta. A pesar de la escasez de nieve, las primeras rampas de El Hornillo las encontramos heladas, pero siguiendo la máxima alpinística “antes muerta que sencilla”, desechamos colocarnos los crampones. Así, practicando el canteo fino, saltando de piorno a piorno y, porque no decirlo, con algún que otro resbalón, vamos ganando altura sobre la vertiente norte de El Hornillo. A nuestra espalda, cubriendo los llanos del Zenete, un mar de nubes impresionante deja solamente asomarse a los más altos calares de la vecina Sierra de Baza. Una vez en la cumbre de El Hornillo (2.377 m.), solamente nos queda seguir la cuerda cumbrera en dirección sudoeste-oeste. Un corto descenso y en el collado previo al Morrón Sanjuanero optamos por colocarnos los crampones y sacar algo más de abrigo de la mochila, que el viento empieza a azotar con rabia.

Abrigandonos en el collado
Unas prácticas de autodetención, en las que no podemos detenernos demasiado tiempo a riesgo de quedarnos “pajaritos”, y, sin prisa, pero sin pausa, tiramos para arriba. Encontramos una nieve excelente para el “cramponeo”, aunque el azote del viento, con el molesto golpeteo del polvo helado sobre nuestros caretos, no nos permite disfrutar todo lo que quisiéramos de la ascensión. Alcanzado el Morrón Sanjuanero (2.609 m.), hacemos una breve parada para la foto de rigor y continuamos la cuerda, primero en corta bajada, para finalmente afrontar las rampas finales del Morrón del Mediodía.
Cumbre del Morrón Sanjuanero con el mar reluciendo al fondo
Los "artistas" en la cumbre del Morrón Sanjuanero. Al fondo, el Morrón del Mediodía, nuestro destino
Reanudando el camino
La cuerda al Morrón del Mediodía. Viento, mucho viento...
Durante este último tramo el viento empieza a ser un auténtico vendaval. Mientras trato de protegerme lo mejor posible, sonrío para mis adentros recordando esas “condiciones himaláyicas” del amigo Miguelón y con las que solemos bromear cuando los “meteoros” se ponen chistosos. La cumbre nos obsequia con unas espléndidas panorámicas de los “gigantes” de la sierra cubiertos de blanco, aunque el fortísimo viento apenas nos da opción a unas fotos y a salir “najaos” como a quien lleva el diablo.
Vendaval en las últimas rampas al Morrón del Mediodía
Cumbre y rápida foto por el viento hurracanado...
Retirada azotados por el viento
Tranquilamente vamos desandando el camino, salvo que decidimos saltarnos la cumbre del Morrón Sanjuanero, que rodeamos por su vertiente norte. Así, además de quitarnos unos metros de desnivel positivo, practicamos un poco de travesía a media ladera. Jirones de nubes van entrando por nuestra espalda y acaban por envolvernos durante la última parte del descenso. Las rampas finales hacia La Ragua las hacemos con los crampones puestos, ya que el hielo se mantiene aún firme.
Mientras nos quitamos los “pinchos” vemos a varias familias pasar camino de las pendientes heladas y, con ánimo preventivo, les avisamos del peligro de patinazo. Nuestra sorpresa es mayúscula cuando ellos nos responden que tengamos también nosotros cuidado “con la vaca que anda corneando perros de una montería en el parking del refugio”. ¿Cómo?¿Una vaca en estampida entre familias paseando? El caso es que desde hace un rato venimos escuchando el sonido de tiros demasiado cercanos, pero no les hemos hecho mucho caso dada la abundancia de cazadores en esta época del año. Cuando llegamos al coche encontramos un panorama dantesco. Un perro ensangrentado se nos acerca pidiendo auxilio y cuando abro el coche, casi se cuela dentro. Lo socorremos como podemos, con un poco de pan y agua, pero nuestra indignación crece a medida que vemos la total indiferencia con la que actúan los responsables de esta batida que casi finaliza en tragedia cuando las rehalas de perros se abalanzaron contra una pobre vaca. Tras una fuerte discusión con uno de ellos que anda en un vehículo con el “logo” de la Consejería de Medio Ambiente, conseguimos que se hagan cargo de los pobres animales. Salimos echando leches de La Ragua. La pobre vaca, tiroteada, yace sin vida a un lado de la carretera. Esta vez los cazadores nos han jodido el final de un buen día de monte.

La ruta seguida
Grupo de avezados montañistas: José Omar “El Niño”, Sergio “Full-Contact” y José Salazar

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martes, 20 de diciembre de 2011

UNA VUELTA POR LOS “DOSMILES” MERIDIONALES DE SIERRA DE GÁDOR 3/DICIEMBRE/2011

Con el primer, aunque breve y leve, que todo hay que decirlo, latigazo de este invierno entrante decidimos acercarnos a la vecina Sierra de Gádor. Como, además, no disponíamos de mucho tiempo optamos por una de las rutas clásicas de las alturas de esta sierra, la de los “Dosmiles” meridionales que en estos días suele adquirir carácter, como nos gusta decir a los montañeros. Con una fría e inclemente lluvia salimos de Almería en dirección a Dalías. Por la autovía el agua cae con fuerza, y a nuestra derecha la sierra se mantiene oculta tras un denso manto nuboso. Una vez en Celín, continuamos en coche por la pista forestal de la sierra. Tomamos el primer desvío a Fuente Alta, y dando más de un bote por lo maltrecho del camino, nos detenemos a la altura del Pecho de las Hacillas Largas, justo en un cruce con otra pista que viene por nuestra derecha. Nos toca dejar el cálido interior del coche y equiparnos para la marcha. El altímetro marca 1.525 metros y el viento viene que corta, aunque afortunadamente ha dejado de llover.
El grupo en Fuente Alta
Ya con las mochilas a los hombros y bien pertrechados para el frío, comenzamos a caminar en dirección al refugio de Fuente Alta. Seguimos la pista, que aquí hace un peculiar desdoblamiento en forma de “D” para superar un corto repecho. Nosotros dejamos de lado el empinado atajo y seguimos la cerrada curva a derechas, que los tendones están necesitados de un poco de calentamiento. Hasta Fuente Alta el trazado del camino coincide prácticamente con el del Cordel de la Balsa del Sabinar. Poco a poco, a medida que ganamos altura, el paisaje se va tiñendo de blanco. A partir de Fuente Alta abandonamos el Cordel de la Balsa Sabinar, que continúa su recorrido a nuestra izquierda. Una breve parada para hidratarnos un poco y reajustar la ropa de abrigo y reanudamos la marcha por la pista en dirección al Morrón de San José.
Vilma vuela sobre los caminos helados de Sierra de Gádor
Caminamos envueltos en una densa niebla y azotados por un fuerte viento de los que curten la cara, duras condiciones que no parecen afectar lo más mínimo a Vilma, nuestra compañera canina, que con sus incansables carreras arriba y abajo nos está dejando claro lo bien que se lo está pasando. Nosotros, sufridos bípedos, bajo numerosas capas protectoras, cual cebollas errantes, también disfrutamos a nuestra manera de estos increíbles parajes que la ventisca transforma en páramos árticos.
Un pequeño descanso
Dejamos un cruce a nuestra derecha, por el que luego volveremos, y poco antes de alcanzar el collado de la Majada de San José, junto a un pozo de mina, abandonamos el camino por el que venimos y monte a través, entre piornos helados, superamos los últimos metros del Morrón de San José (2.055 metros). Desde allí avanzamos en dirección noreste hacia el Morro de los Rubios (2.086 metros) que no alcanzamos, ya que antes nos encontramos con un camino forestal que viene desde la vertiente norte y que nosotros seguimos en dirección este-sureste hasta la cumbre del Nuevo Mundo, que con sus 2.113 metros constituye la mayor cota del día.
Camino del Morrón de San José (2.055 m)
Recorriendo el parámo helado
Entre la niebla surgen las blanqueadas siluetas de los sufridos pinos, desafiantes ante la ventisca, y ya en la cumbre, fantasmagóricas, las grandes antenas que degradan la belleza de este entorno tan agreste. Llegamos hasta la Casa Forestal de Sierra de Gádor y la gran torre de Telefónica, donde tras una rápida foto, nos damos la vuelta y emprendemos el retorno.
En la cumbre de Nuevo Mundo (2.113 m)
Un poco más adelante, junto a la caseta de un viejo transformador, tomamos el sendero que sale a nuestra izquierda y que rápidamente nos lleva a un caminito que, faldeando por la vertiente sur del Morrón de San José, nos devuelve a la pista de Fuente Alta por el cruce que dejamos atrás durante nuestra subida. Ya sólo nos queda desandar el recorrido seguido unas horas antes, aunque ahora limpio de nieve y enseñándonos a modo de guiño entre los oscuros nubarrones un pequeño trozo del azul Mediterráneo.
Un bonito rincón en el camino
Y, a la vuelta, el mar aparece al fondo como un guiño entre las nubes
Nota: El recorrido aquí descrito coincide en su mayor parte con el sendero de Pequeño Recorrido PR A-144 “Los Dosmiles Meridionales de Sierra de Gádor”. Este sendero tiene su inicio en el Refugio de Fuente Alta y continúa por el recorrido de la pista que nosotros seguimos hasta las cercanías de la Majada de San José. Por esta zona, nosotros abandonamos el sendero para coronar el Morrón de San José. Si se quiere seguir por el PR no hay que abandonar la pista que, una vez superado el collado de la Majada de San José, rodea el Morrón de San José por su vertiente norte. Nosotros volvimos a tomar el sendero en las cercanías del Morro de los Rubios y ya no lo abandonamos hasta Fuente Alta.
El croquis del recorrido
Grupo de avezados montañistas: Davidillo, Dieguillo, Belén, Vilma y José Salazar

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miércoles, 3 de agosto de 2011

WITH A LITTLE HELP FROM MY FRIENDS (3/FEBRERO Y 6/MARZO/2010)

O, como diríamos por aquí, con una pequeña ayuda de mis amigos. Este es el sugerente título de una buena canción de los Beatles, aunque a mí personalmente siempre me gusto más en la castigada voz de Joe Cocker. En cualquier caso, y disquisiciones musicales aparte, me pareció un encabezamiento muy adecuado a la hora de recordar una “aventurilla” del invierno del año 2010 en un escarpado corredor del Tajo de las Chorreras Negras, en la vertiente Noreste del Picón de Jeres. Una historia en dos capítulos: Dos días y dos compañeros diferentes disfrutando las intensas sensaciones del “arte del sufrimiento”, como en una ocasión definió al alpinismo el gran escalador polaco Voytek Kurtyka.
Vista del corredor y de las 2 rutas seguidas
Un miércoles de comienzos de febrero me dirijo con mi amigo Francis hacia Postero Alto. Como es mediados de semana vamos a estar muy tranquilos, sin el bullicio habitual de los sábados y domingos. La temperatura es anormalmente alta, parece que el frente cálido que anunciaba la “meteo” está siendo puntual a su cita. Nos equipamos y salimos en dirección de nuestro objetivo. Aunque no encontramos la mejor nieve para caminar, nos dejamos llevar por una animada tertulia y hacemos una agradable aproximación hasta la entrada al corredor. Toca colocarse el arnes, los crampones y el casco y empezar la escalada.
Francis al comienzo del corredor

Entramos por el extremo izquierdo y subimos en dirección a un resalte rocoso que atraviesa de izquierda a derecha el corredor por su parte central. La nieve está sin transformar y el pie se hunde hasta el tobillo. Bajo este farallón rocoso iniciamos una travesía ascendente hacia la derecha en busca de una pequeña cascada de hielo que nos puede ayudar a superar este obstáculo. Pronto comprobamos que el hielo es bastante endeble. Mejor encordarse. Francis inicia la escalada y encuentra un hielo aún más podrido de lo que habíamos calculado. No le es posible asegurarlo con un tornillo y la roca tampoco da muchas posibilidades. Un poco a la derecha de la chorrera, un estrecho pasillo rompe la continuidad de la roca. Esta especie de “cuello de botella” le permite superar el resalte. Aún así, el hielo que encuentra no está para grandes alegrías. Me concentro en asegurarle con la tensión habitual cuando los seguros son más bien “quitamiedos”.
Francis superando el resalte
Afortunadamente, por encima de la roca “pincha” nieve de muy buena calidad. Ya más relajados, Francis continúa la ascensión hasta la pared rocosa que cierra el corredor en su frontal, donde monta reunión. Menos mal que me toca moverme, porque aunque no hace frío, me estaba empezando a quedar atrofiado por lo incómodo de la posición. Alcanzo a Francis. Acabamos de superar una interesante pala de unos 60° y unos 50 metros de longitud con una nieve, por fin, de excelente calidad.
Francis empuña de nuevo sus “piolos” y prosigue la escalada en una larga travesía a la derecha aprovechando la línea de intersección entre la roca y la nieve. La sensación de verticalidad es grande. Además, apenas entran las puntas delanteras de los crampones.
Francis trabajándose la larga travesía
El largo está siendo muy trabajoso, pero está realmente valiendo la pena. Cuando la cuerda va llegando a su fin, toca ingeniárselas, y bastante, pues no resulta fácil buscar un buen sitio para montar la tercera reunión.
En la travesía
En el largo final, Francis se despega un poco de la pared para dirigirse al espolón rocoso que cierra el corredor por la derecha. Allí monta la última de las reuniones. A partir de aquí se nos plantea un dilema. Se ha hecho tarde, el cielo está cada vez más cubierto y lo que queda es bastante complicado. Aún así, Francis se aventura a echar un vistazo por lo que parece ser el único punto débil, una chimenea que se forma en el extremo superior derecho del corredor, justo en la intersección entre la pared frontal bajo la que hemos venido ascendiendo y la que forma el espolón de la derecha. Se encuentra con un terreno sucio y musgoso, lo que implica una escalada delicada. Además, la nieve está cada vez más “papa”. En tales circunstancias, decidimos dejarlo para otra ocasión y, medio rapelando, medio destrepando, bajarnos del “canuto”.
Francis montando la última reunión
En cualquier caso, y eso ya lo tenemos muy claro antes de iniciar el “entretenido” descenso, hemos disfrutado de un hermoso día de montaña. Anocheciendo llegamos de vuelta al coche. Ya sobre cuatro ruedas, y salvo un primer tramo de pista un poco “delicada”, toca relajarse y disfrutar el viaje de vuelta con el intenso filosofar sobre lo divino y, sobre todo, lo humano con que nos gusta concluir toda jornada de escalada.
Aunque se dice que segundas partes nunca fueron buenas, un mes y algunos días más tarde me vuelvo a escapar al mismo corredor, esta vez en compañía de otro buen amigo, Antonio “Forty Four”. El tiempo que encontramos al llegar a Postero es el habitual de este invierno, borrascoso. Pero, sé que yendo con Antonio esta circunstancia va a ser un aliciente más a la escalada. Esta vez es sábado y hay más gente pululando por la zona. De todos modos, por donde vamos a andar no vamos a coincidir seguramente con nadie. Hasta nos toca pasar una encuesta sobre seguridad en montaña, que superamos razonablemente bien, salvo por no llevar botiquín...Así que acordamos que será mejor no lesionarse.
Salimos en dirección al río. A medida que ganamos altura, la niebla empieza a espesarse y aunque conocemos sobradamente el terreno, no dejamos de sorprendernos por como llega a despistar este dichoso meteoro. A partir del río empezamos a encontrar nieve de forma más continúa y la ascensión se va haciendo más penosa. Las temperaturas se están manteniendo demasiado altas para la temporada y la nieve no llega a transformarse adecuadamente en estas cotas. Ya en los tramos más empinados de la vertiente izquierda del río nos llegamos a hundir, como diría un castizo, hasta el corvejón.
¡¡¡Hasta el corvejón!!!
Seguimos nuestro camino hacia el corredor, aunque en el fondo ninguno de los dos confiamos demasiado en nuestras expectativas. Pero, “piano, piano se arriva lontano” y así llegamos hasta la entrada del “canuto”. Un traguito de agua, unas miradas cómplices y, acordamos que una vez aquí, habrá que echarle un vistazo...
Entramos también por la izquierda. Me sorprende lo cambiado que encuentro el corredor un mes después de mi anterior visita. La gran cantidad de nieve que ha caído ha cubierto totalmente el farallón rocoso que atravesaba el corredor de izquierda a derecha en su zona media y donde Francis y yo encontramos las primeras dificultades en nuestra ascensión. Antonio y yo continuamos la escalada por la izquierda siguiendo la línea más directa. Como vamos ganando metros y nuestro ánimo no decae, decidimos que es momento de ponerse los arneses y sacar la cuerda ya que la pendiente se empieza a poner seria. Nos toca encarar una cascada de unos 70-80°. Montamos una reunión con dos tornillos.
Reunión
Una fina capa de nieve primavera cubre el hielo, pero éste es, aparentemente, de buena calidad. Me quedo asegurando a Antonio que comienza la escalada con tranquilidad. Mete otros dos tornillos intermedios y supera este resalte de unos 25 metros.
Antonio superando el largo clave
Monta una cómoda reunión y comienza a recuperar cuerda. Mientras tanto me entretengo fotografiando el horizonte que aparece cubierto de nubes, pero calmo, anunciando una inminente nevada. De hecho, apenas noto la cuerda tensa e inicio la escalada, comienzan a caer los primeros copos. Me tomo estos metros con calma, deleitándome con el buen hielo que voy “pinchando”.
El horizonte se va cubriendo de nubes lentamente
Pronto estoy a la altura de Antonio, ahora envuelto en la nevada. Me indica que continúe lo que queda de corredor, ahora más amplio y con menor pendiente. Son otros 50-60 metros con una inclinación en torno a los 45° que se superan con rapidez.
Antonio en la reunión envuelto en la nevada
Antonio se desencuerda y, mientras yo recupero la cuerda, me alcanza. La nevada es ahora bastante intensa, pero lejos de molestar, es momento para relajarse y disfrutar. Quizás sean estos pequeños instantes, casi mágicos, los que nos empujan como un veneno hacia las montañas.
Superamos el “hombro” que forma la parte superior del espolón de roca que cierra el corredor por la izquierda y, tranquilamente, en medio de una fuerte ventisca descendemos hacia el río. Cuando lo cruzamos e iniciamos la subida hacia la “Puerta del Alhorí” ha parado de nevar. Ya solo queda la vuelta a Postero. Nos espera el viaje a casa, con parada “técnica” en el Fermín de La Calahorra para hidratarnos convenientemente y disfrutar con sus sabrosas y picantes tapas, que no todo va a ser trabajar.
Antonio superando el "Hombro" en medio de la ventisca
Ahora, mientras escucho de nuevo en boca de los Beatles el tema que da título a esta historia en una tórrida mañana de julio, me vienen a la cabeza los buenos y frescos momentos pasados en este bonito corredor del Picón de Jeres. Y pienso que en la montaña, como en la vida, todo es más fácil gracias a tus amigos. Si, está bien recordar las cosas que he consiguido "with a little help from my friends".

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