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jueves, 29 de noviembre de 2012

LA TRAVESIA DE LOS “DOSMILES” DEL RIO GOR: UN “PATEO” CON SABOR CLÁSICO (27, 28/OCTUBRE/2012)

“Todo lo que pido es el cielo sobre mi cabeza y el camino bajo mis pies”
                                                                             Robert Louis Stevenson
Introducción:
La Sierra de Baza, a pesar de su cercanía, continúa, tal vez eclipsada por su vecindad con Sierra Nevada, siendo una gran desconocida para el montañismo almeriense. Una sierra con un núcleo de áspera morfología kárstica, dominada en las alturas por agrestes calares desde los que se divisan estrechos y profundos valles y barrancos que resaltan como verdes cicatrices entre el gris cenizo de la caliza. Encontraremos llamativas formaciones como torcas, campos de dolinas y lapiaces e importantes vestigios de una antigua actividad minera que horadó estos parajes en busca fundamentalmente de galena (sulfuro de plomo) y fluorita. También valiosos pinares autóctonos como los de los calares de la Rapa y San Sebastián, Santa Bárbara, Boleta, Prados del Rey y la Fonfría donde dominan imponentes ejemplares de pinos salgareños (Pinus nigra subsp. salzmannii) y albares (Pinus sylvestris subsp. nevadensis), destacando entre todos ellos, un venerable “abuelo”, el centenario “Pino de la Señora. El inicio del otoño nos sorprenderá con los desgarradores mugidos de los ciervos en la berrea, siendo muy habitual compartir ruta con estos grandes ungulados, mientras las alturas y los roquedos son los dominios de las cabras montesas que con su agilidad dejarán en ridículo nuestras habilidades montañeras. Terrenos solitarios, duros, en los que los montañeros podemos disfrutar de ese placer tan elemental como es sentir el fresco aire serrano curtiéndonos la piel y el alma mientras acariciamos con nuestras alpargatas la piel de la Diosa Gaia.
Victor en el Calar de San Sebastián envuelto en la niebla

La crónica:
Hay recorridos que sin duda conservan el sabor del montañismo clásico, cuando el coche de un compañero, atestado de gente y macutos, un autobús o, incluso, un tren de esos que ya casi han desparecido, nos acercaban a un pequeño pueblo desde el que nos separaba una ardua “pinrelada” de las ansiadas cumbres que veníamos buscando. Siempre resulta agradable recordar estos viejos tiempos, acostumbrados como estamos hoy en día a subir el coche hasta casi el cielo. Esta vez, los cuatro integrantes de esta pequeña aventura nos apretamos en el coche de Víctor y en una mañana desapacible de otoño que, por cierto, nada bueno auguraba en término meteorológicos, salimos hacia la pequeña pedanía de Las Juntas (1.490 m), punto de partida de la travesía.
El Valle del Río Gor bajo el espeso manto de nubes
Las Juntas nos recibe con el cielo cubierto por un espeso manto de nubes que impide la visibilidad a partir de los 1.700-1.800 metros de altitud. Sin embargo, el suave viento que sopla de poniente nos hace ser optimistas, a lo que contribuye “El Gillo”, un lugareño ya veterano, que se nos une en el inicio de la ruta, y que como buen conocedor de estos terrenos nos indica que no nos mojaremos. Casi profetizando, como más adelante veremos, también nos avisa de los peligros de la niebla en el Calar de la Rapa. Con las mochilas a la espalda comenzamos la remontada del valle del Gor, mientras nuestro amigo “El Gillo” nos ameniza durante este primer tramo con historias de estos lugares y de aquellos tiempos en los que el hambre azuzaba de tal manera que hasta las grajas eran un buen bocado que llevarse a la boca. Pronto nos despedimos de “El Gillo” que tira hacia el Barranco del Zambrón en su búsqueda de setas, mientras nosotros continuamos por el Río Gor.
Primeros pasos escuchando las historias de "El Gillo"

Caminando junto al Río Gor
Un momento para disfrutar del camino ya andado
La temperatura, el ambiente, la luz que filtran las pesadas nubes y que destacan los verdes y los ocres que aún rivalizan en la vegetación de ribera en estos comienzos del otoño, animan nuestra marcha. Empiezan a aparecer manchas de pinos y, fantasmagóricas, envueltas entre jirones de niebla, “Los Frailes”, una serie de gendarmes o pequeñas agujas que decoran la ladera norte del Calar de los Frailes a la altura de un pequeño dique. Estamos ya muy cerca de las ruinas del Molino de los Pulidos que aparecen tras atravesar un tupido bosque de ribera de álamos negros (Populus nigra). Es un buen lugar para hacer un pequeño descanso y, después de dar un buen tiento al poderoso vino que lleva Kiko en la bota, recuperar algo de la energía consumida ya que a partir de ahora nos aguardan los primeros desniveles serios del día.
Los "Frailes" aparecen al fondo envueltos entre jirones de niebla
Llegando al Molino de los Pulidos atravesamos un interesante bosquete de álamos negros

La subida al Calar de la Rapa (2.239 m) se hace por la vertiente izquierda del Barranco de San Sebastián, aunque nosotros con la intención de suavizar el ascenso decidimos seguir un camino casi perdido que nos deja en una primera pista forestal. Seguimos esta pista hacia la derecha buscando el mencionado barranco, pero sin darnos cuenta nos lo saltamos o nos vamos monte a través antes de tiempo y empezamos a acumular errores al tiempo que nos vamos metiendo de lleno en una densa niebla. Una combinación casi tan mala o terrorífica como la del Licor 43 con vodka. Alcanzamos una segunda pista forestal y continuamos avanzando por ella hacia la derecha, alejándonos cada vez más del Barranco de San Sebastián. Finalmente, algo cansados de tanta pista, la abandonamos e iniciamos el ascenso directamente por las empinadas laderas de este calar. Paso a paso ganamos altura y después de atravesar un denso pinar llegamos a pie de una amplia pedrera cerrada por una imponente tapia. Superamos la pedrera en travesía hacia la derecha hasta un corto escalón rocoso que nos deja en el espolón oeste del Calar de la Rapa. E inmersos en la niebla seguimos acumulando errores.
Superando la pedrera envueltos en una densa niebla

Muy cerca de la amplia meseta en la que culmina este calar volvemos a desviarnos a la derecha por la cabecera de un amplio barranco. Sin darnos cuenta estamos circunvalando el Calar de la Rapa y para hacer realidad la advertencia que nos hizo nuestro amigo “El Gillo”, iniciamos el descenso por la vertiente opuesta a la que debíamos seguir. Como guía estoy quedando bastante mal. Estamos perdidos. No hay otra que echar mano al plano y el GPS del amigo Kiko. Es lo bueno de tener compañeros precavidos. Con frío, pero afortunadamente sin lluvia, logramos marcar las coordenadas UTM del Calar de San Sebastián en el GPS y dejar que sean ahora los satélites los que nos guíen y sitúen de nuevo en la ruta. Resulta curioso las pocas referencias geográficas que ofrecen estas altiplanicies pedregosas que son los calares, salvo quizás solitarios pinos “bandera” con sus caprichosas formas modeladas por el viento y las ventiscas, resultando fácil despistarse en condiciones de baja visibilidad.
Buscándonos en el plano...

Viejo tronco de un "Pino Bandera" partido por un rayo enmedio de la nada...
El conocido perfil del Calar de San Sebastián (2.165 m), donde hice noche en una pasada travesía por estos parajes, me confirma que estamos de nuevo en la ruta. Nos queda continuar el cordal en dirección Norte y una severa bajada hasta el Puerto de los Tejos (1.873 m) en la que nos sorprenden los abundantes arces (Acer granatense) que resaltan en medio del pinar con el amarillo intenso de su follaje otoñal. Una vez en la pista forestal que atraviesa el puerto decidimos hacer una parada para recuperar fuerzas y, como no, reconfortarnos cuerpo y alma con un generoso trago de la bota.
Bajando hacia el Puerto de los Tejos nos sorprenden estos arces con su vestimenta otoñal
Parece que la niebla quiere levantar lo que nos anima a continuar con el plan previsto que no es otro que remontar hacia el Norte la Loma del Gato hasta el Calar de Casa Heredia (2.167 m). Es una subida que, aunque ni el desnivel (no llega a los 300 metros), ni la pendiente son excesivos, se “pega” a las piernas después del empinado descenso que acabamos de hacer. Empiezan a aparecer las cicatrices que la actividad minera ha dejado en estos parajes con algunos pozos de mina que parecen conducir al mismísimo averno.
Las rampas de la Loma del Gato se "pegan" a las piernas después de unos buenos tientos a la bota en el Puerto de los Tejos

Viejos pozos mineros en el Calar de Casa Heredia
Desde la cumbre, la Hoya de Baza aparece iluminada en un extraño contraste de luces y sombras, mientras un poco por encima nuestra, el manto nuboso envuelve completamente al Calar de Santa Bárbara.
Empezamos a descender por la cuerda hacia el Oeste hasta encontrar una vieja vía de servicio de las Minas de la Cruz que nos deja en el Puerto de las Palomas (2.037 m). Tras una breve parada para reponer agua, seguimos por la pista forestal hacia los Prados del Rey. La niebla, el verdor de los prados, los majestuosos pinos albares nos transportan mentalmente a las “High Lands” escocesas. Pensamos hacer noche protegidos en el porche de la Caseta del Pozo de la Nieve, pero para nuestra sorpresa la encontramos abierta. Es una buena noticia, ya que aunque no pega mucho la “rasca”, la humedad cala los huesos. Desafortunadamente, el refugio ya sufre las consecuencias de estar abierto y ser accesible con coche, como las típicas pintadas, suciedad y destrozos varios que no voy a enumerar. Aun así encontramos en el piso superior una habitación y varios colchones en bastante buen estado que nos permiten dormir como lirones, a pesar de que mientras voy cayendo en las garras de Morfeo, los múltiples ruidos y crujidos provocados por el viento y la lluvia, me lleven en algún momento a pensar que alguno de los fantasmas de Elorrieta se haya trasladado a estos parajes en busca de un clima más benigno.
Desde el Calar de Casa Heredia la Hoya de Baza aparece extrañamente iluminada en la lejanía

Entrando a los Prados del Rey bajo unos majestuosos pinos "melguizos"

Los Prados del Rey envueltos en la niebla parecen una copia de los "High Lands" escoceses
La mañana amanece despejada y fría. Buena noticia, ya que durante la cena nos habíamos planteado el abandono si el tiempo seguía malo. Además podremos disfrutar del paisaje ya que la visibilidad durante la jornada anterior estuvo muy limitada. Después del desayuno volvemos a remontar la pista hasta el Puerto de las Palomas para cargar agua.
Amanece una fresca y despejada mañana. Al fondo, el viejo Pozo de la Nieve que da nombre al lugar y, en la llanura, el Jabalcón

Desayuno en nuestra "suite royal"

La Caseta del Pozo de la Nieve donde nos hemos refugiado esta pasada noche. Es una pena que el vandalismo esté haciendo ya mella en este confortable refugio.
Atravesando un imponente pinar ascendemos al Calar de Tejoletos (2.228 m) desde donde continuamos por la cuerda en dirección Oeste hacia el Collado Resinero (1.966 m). La claridad del día nos regala unas panorámicas impagables de todo el recorrido de ayer, el Altiplano Granaíno con el Jabalcón como un hito solitario sobre el Pantano del Negartín, las sierras jienenses y una Sierra Nevada ya blanqueada en los “tresmiles”. Lastima que mi cámara de fotos se haya quedado sin pilas. El Collado Resinero exige una parada y otro buen tiento a la bota para recargar pilas. Un desnivel de 189 metros nos separa del Picón de Gor (2.155 m), una imponente atalaya sobre la Hoya de Baza y desde donde divisamos el impresionante cañón labrado por el río Gor en Gorafe, una zona, por cierto, que concentra más de 200 dólmenes neolíticos.

Nos despedimos de los Prados del Rey y sus grandes pinos albares

En la cumbre del Calar de los Tejoletos mirando hacia las blancas cumbres de Sierra Nevada. El Picón de Gor asoma a nuestra derecha (Foto: Kiko)

Un solitario "Pino Bandera" (Foto: Kiko)
Un descenso por la ladera Sur del Picón de Gor nos deja en el collado del Poyo de los Jiménez (1.983 m). Unos ciervos nos observan cautelosamente desde la lejanía mientras seguimos la cuerda en dirección Sur hacia el Calar de las Grajas (2.081 m), cuya cumbre es en realidad una depresión de paredes escarpadas, una pequeña torca que parece una miniatura del famoso Torcal de Antequera. Otra corta bajada hasta los 2.025 metros y, siempre en dirección Sur, volvemos a ganar altura para hacer la última cumbre del día y de esta travesía, el Calar de las Torcas (2.081 m). Un merecido trago de vino y tras asomarnos a los vertiginosos escarpes que dan vista al valle del Gor por donde iniciábamos esta ruta ayer por la mañana, buscamos la mejor zona para afrontar el fuerte descenso hasta la localidad de Las Juntas. Afortunadamente, el terreno mullido por la lluvia nos facilita la bajada, con mucho la más dura y empinada de todo el recorrido.
Vertiginosos tajos desde los que asomarse al Río Gor en el Calar de las Torcas (Foto: Kiko)

Duras rampas nos separan de Las Juntas desde donde empezamos ayer esta travesía por los calares del Gor
Una vez hemos llegado de vuelta al coche y tras comprobar que las rodillas siguen intactas y en su sitio, nos felicitamos de estas dos jornadas vagando por los Calares del río Gor. Es ahora cuando uno comparte en su más hondo significado aquellas palabras del escritor escoces Robert Louis Stevenson con las que empecé este escrito. Solamente nos queda el viaje de vuelta, eso sí, previa parada en algún “bareto” para refrescar nuestros resecos y sufridos gaznates.
La ruta:
Esta no es una ruta extrema. Nada más alejado de la realidad. Sin embargo si se debe considerar una travesía exigente que recorre en su mayor parte un territorio áspero como es el de los calares y que aunque no afronte grandes desniveles de una sola tacada, sí que va acumulándolos en un continúo sube y baja en lo podría definirse con el expresivo apelativo de terreno “rompepiernas”.
La primera jornada es la más dura, aunque también la que recorre paisajes más variados. Así, comienza remontando la cabecera del río Gor con su vegetación de ribera para encaramarse al Calar de la Rapa (2.239 m), la mayor altitud de la travesía. Es en esta parte del recorrido, como resulta lógico, donde se acumula el mayor desnivel del día (749 metros). Entramos en el reino de los calares, cumbres redondeadas, casi altiplanicies en casos como el de la Rapa, de terreno pedregoso densamente tapizado de sabina rastrera (Juniperus sabina) y donde prácticamente las únicas referencias geográficas son los “pinos bandera”. Ojo, por tanto, a la niebla y la baja visibilidad. El recorrido continúa por la cuerda, primero en dirección este y después norte hacia el Calar de San Sebastián (2.165 m). Dura bajada al Puerto de los Tejos (1.873 m), donde se puede conseguir agua (ojo, si este punto de agua estuviera seco, hay que descender por la pista en dirección sureste hasta el Cortijo de las Cuevas del Herrero)y se vuelve a remontar la cuerda en dirección norte hacia el Calar de Casa Heredia (2.166 m). Desde allí tomamos la cuerda en sentido noroeste hasta el Puerto de las Palomas (2.037 m). Siguiendo ahora la pista forestal en dirección norte encontramos un tornajo para el ganado donde podemos recargar de nuevo las cantimploras. Estamos en los Prados del Rey, unos prados de alta montaña rodeados del bosque relicto eurosiberiano de pino silvestre o albar (Pinus sylvestris subesp. Nevadensis) más al sur de Europa. Continuando por esta pista y desviándonos a la izquierda en el segundo cruce que encontremos, llegamos a la Caseta del Pozo de la Nieve, un refugio situado justo en la umbría del Calar de la Boleta donde pasar la noche a cubierto, siempre con el permiso de los vándalos. Aquí también podemos visitar el pozo de la nieve que da nombre al paraje y que ya citaba el Marqués de la Ensenada en su catastro del año 1.753. En la Caseta del Pozo de la Nieve concluimos el primer día de la travesía.
Resumiendo, un total de 9 horas con un recorrido de algo más de 20 kilómetros y 1.400 metros de desnivel acumulado. Ojo, habría que descontar de este cómputo los 3 a 4 kilómetros y una hora y media a 2 horas correspondientes que nos supuso nuestro despiste en el Calar de la Rapa.
La segunda jornada se inicia con la ascensión al Calar de Tejoletos (2.228 m) por su vertiente norte. Una vez ganada la cuerda, continuamos en sentido oeste, descendiendo al Collado Resinero (1.966 m) desde donde volvemos a remontar hacia el Picón de Gor (2.155 m) por su vertiente oeste. El Picón de Gor se baja por su cara sur hacia el Collado de Poyo Jiménez (1.983 m), continuando el cordal en esta misma dirección (sur) hasta los calares de las Grajas (2.081 m) y, finalmente, de las Torcas (2.078 m). Desde el Calar de las Torcas hay que comenzar el descenso en dirección suroeste asomándonos a los tajos para buscar la bajada más factible a Las Juntas. Ésta se hace por una ladera de gran pendiente y terreno pedregoso que requiere intuición montañera y rodillas poderosas.
En esta segunda jornada echamos un total de 6 horas para un recorrido de aproximadamente 12 kilómetros con 700 metros de desnivel acumulado.
Croquis de la "Travesía de los Dosmiles del Río Gor". En azul está el tramo que andamos pérdidos en la niebla
Para aquellos que estéis interesados en obtener más información de esta sierra os dejo este interesante enlace con la web de “Proyecto Sierra de Baza”.
Grupo de avezados montañistas: Elena Campoy, Kiko Ruiz, Víctor, José Salazar

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martes, 17 de abril de 2012

El PINO DE LA SEÑORA (Pinus nigra subsp. salzmannii), EL ABUELO DEL PINAR DE LA FONFRIA (SIERRA DE BAZA)

El Pino de la Señora, más de 350 años de histora natural
Casi en la cabecera del Barranco de la Fonfria, en la umbría de Sierra de Baza, a 1.720 metros de altitud, nos encontramos con el Pino de la Señora, un soberbio ejemplar de pino laricio o salgareño (Pinus nigra subsp. salzmannii), que, con una edad estimada de 350 años, se puede considerar el “abuelo” del magnífico Pinar de la Fonfría, uno de los pinares del piso oromediterráneo mejor conservados de las sierras del Sur de España.
Cuando nos vamos acercando, la enorme copa del Pino de la Señora aparece destacada enmedio del pinar
El tronco del Pino de la Señora destaca sobre los del resto

Este gran pino se caracteriza por un impresionante tronco, algo inclinado, y con una altura de unos 17 metros. En su base, con un perímetro de 6 metros, hay un gran hueco resultado de los “resiegos” que a lo largo de los siglos practicaron los serranos para producción de las “teas”, unas astillas largas y finas impregnadas de resina que se utilizaban para encender fuegos, chimeneas y braseros. Restos de carbonilla en la madera delatan que este gran “resiego” también se utilizó por las gentes de la sierra como amparo o refugio durante alguna fría noche.
Eloy posa junto al impresionante tronco y la enorme cicatriz que las faenas de "resiego" han dejado en este momunental pino
Retos de carbonilla delatan que el gran "Resiego" del Pino de la Señora también fue utilizado como refugio en frías noches por pastores y serranos


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miércoles, 2 de noviembre de 2011

CALAR DE LA RAPA (2.242 M) POR EL RIO GOR (8/OCTUBRE/2011)

A veces olvidamos las montañas cercanas, incluso las menospreciamos por tratarse de escasos “dosmiles”. Y con ello lo que hacemos es dejar de lado soberbias rutas montañeras. Supongo que serán los tiempos que corren, en los que suele importar más sacarse “la foto” en una cumbre de renombre que disfrutar de la belleza de una ascensión a veces anónima. Como nos gusta nadar contracorriente, este sábado de principios de octubre decidimos acercarnos a Sierra de Baza para repetir, o más bien finalizar, una ruta en la que disfrutamos de lo lindo este pasado invierno: La ascensión al Calar de la Rapa (2.242 m) por el río Gor. Aunque esta vez con bastante mejor tiempo.
Omar llegando a la cumbre del Calar de la Rapa
Desde Charches tomamos una pista forestal en dirección a la pequeña pedanía de Las Juntas. Poco antes de esta población, cruzamos el río Gor y tomamos un camino a nuestra derecha que remonta el río y que acaba en unas explotaciones ganaderas (Cortijos de Malarte en la cartografía). En un anchurón en la entrada de una de estas fincas dejamos el coche. Toca colocarse las botas, echarse los “morrales” al hombro y comenzar la “pateada”. El altímetro marca 1.540 m.
Descendiendo por un terreno bastante inestable por las erosivas pezuñas de tanto pequeño rumiante, alcanzamos el río. El día, con un azul espléndido en el cielo, me trae a la memoria la jornada gris y fría que encontramos el pasado mes de marzo. La remontada del cauce del Gor, con apenas un hilo de agua como caudal, nos resulta mucho más sencilla que hace unos meses. Aún así, en numerosos tramos, más que un sendero lo que seguimos son las trazadas un tanto anárquicas de los rebaños. Las choperas, teñidas levemente de amarillo, y un agradable frescor matutino nos recuerdan que estamos ya, aunque no lo parezca, en un incipiente otoño.
Las choperas levemente teñidas de amarillo anuncian la entrada del otoño en el río Gor

En apenas una hora de animada caminata alcanzamos las ruinas del Molino de los Pulidos en la confluencia de dos barrancos (el Barranco de San Sebastián y un segundo cuyo nombre no aparece reflejado en la cartografía) con el río Gor. Por un camino casi perdido entre ambas barranqueras dejamos atrás las ruinas y el cauce del Gor, ganando altura por su vertiente orográfica izquierda hasta alcanzar una pista forestal, justo junto a un puente que cruza el torrente tributario del Gor de nombre desconocido.
Dejando atrás el cauce del Gor. Al fondo asoma el Calar de las Torcas
Cruzamos este camino y tomamos una inclinada pista forestal a nuestra derecha, conectando con el camino forestal que va hacia el Puerto de los Tejos. Enseguida abandonamos este camino y, ascendiendo por un denso pinar, nos encaminamos hacia las escarpadas laderas norte del Calar de San Sebastián. Unos solitarios arces (Acer granatensis) marcan la línea fronteriza entre el bosque de repoblación y el reino de la roca.
Una pista forestal entre pinos nos encamina a las laderas norte del Calar de la San Sebastián
Nos espera una empinada e inestable pedrera por la que penosamente, pero con rapidez, alcanzamos el cordal cimero del Calar de San Sebastián desde donde disfrutamos de los gigantes de Sierra Nevada en la lejanía. Hoy el tiempo es inmejorable, lejos de la fuerte ventisca que nos castigó en nuestra anterior visita, y los viejos pinos bandera y las sabinas rastreras (Juniperus sabina L.) que tapizan el suelo parecen agradecerlo con un guiño cómplice a los últimos calores de este largo verano antes de la llegada del invierno con su glacial abrazo.
Avanzamos por una pedrera camino de la cuerda cimera del Calar de San Sebastián
Cerca del cordal nos extasiamos con los "gigantes" de Sierra Nevada asomando en el horizonte
Pinos "bandera" (Pinus nigra) y sabinas rastreras (Juniperus sabina), los dueños de estas cumbres
Ahora el terreno es cómodo y avanzamos con rapidez hacia la cumbre de este “dosmil”. Muy al norte asoma una vieja conocida, La Sagra, con su perfil inconfundible, mientras que al este la vista se pierde en Los Filabres, con las cúpulas del Calar Alto y la Tetica de Bacares asomando en la lejanía. Aprovechamos para hacer una corta parada en esta cumbre de 2.164 m. y reponer fuerzas con el “papeo” que venimos arrastrando a nuestras espaldas.
Panorámica de Los Filabres desde el Calar de San Sebastián
Y al otro lado los magníficos pinares oromediterráneos (¡¡¡Qué palabro!!!) de Sierra de Baza
Después de esta corta parada continuamos por la cuerda en dirección Sur. Perdemos algo de altura para alcanzar un collado (2.108 m.) que nos separa de una cumbre intermedia (sin nombre en la cartografía; 2.225 m.) entre el Calar de la Rapa (2.239 m.), nuestro objetivo, a nuestra derecha (Oeste), y la Rapa (2.228 m.), a nuestra izquierda o Sureste, inconfundible por el vértice geodésico que la corona. Desde este collado ascendemos a esta cumbre o antecima anónima y continuamos comodamente sin dejar la línea de cumbres, por un terreno descarnado, apenas cubierto por algunas sabinas rastreras y piornos, con una uniformidad unicamente rota por pequeñas dolinas, hasta el Calar de la Rapa, una inmensa superficie amesetada y cuyo punto de máxima altura está marcado por un modesto hito de piedras. Estamos en la segunda altura de esta sierra, una increíble atalaya desde la que nos sentimos como en una isla rodeados por un mar de tierra, cuyas olas se hubieran petrificado en forma de escarpadas laderas y cerrados valles.
Omar el la cumbre intermedia entre La Rapa (al fondo en la foto) y el Calar de la Rapa, nuestro objetivo
Los "artistillas" en la cumbre del Calar de la Rapa (2.242 m), segunda altura de Sierra de Baza
Para la bajada elegimos una línea directa que por su vertiente Oeste nos sitúa en la conocida pista forestal del Puerto de los Tejos a la altura del Cortijo de Los Payos. Dejamos la pista principal y por un estropeado camino sobrepasamos Los Payos (caserón y corral de ganado). Se trata de una vía de servicio, probablemente de algún antiguo trabajo forestal, que bordea la ladera Oeste del Cerro de los Frailes donde mismo termina. Dado que el camino no tiene continuidad, no queda otra que lanzarse ladera abajo hacia el Barranco de los Murciélagos, en dirección a un pequeño dique de contención que vemos en su cauce. El terreno es empinado e inestable, pero nos permite un rápido descenso hasta el lecho del barranco. Desde la presa una senda nos conecta con el río Gor y solamente nos queda desandar un corto trecho hasta los Cortijos de Malarte, donde dejamos esta mañana el coche.
Iniciando el descenso con el Calar de las Torcas y el Picón de Gor como telón de fondo
El relajante verdor con que nos saluda de nuevo el río Gor en las cercanías de los Cortijo de Malarte
Ahora, cuando estoy terminando de escribir estas letras, me vienen a la cabeza unas palabras que me comentó hace un tiempo el amigo Kiko, gran conocedor, por cierto de estas sierras. Citando a algún sabio me dijo que “el camino de la montaña, como el de la vida, no se recorre con las piernas, sino con el corazón”. Y así es, porque mientras quede pasión, sabremos disfrutar del placer de vagar por los montes, sean grandes alturas o pequeños cerrillos casi desconocidos.
Croquis del recorrido que seguimos
Grupo de avezados montañistas: José Omar “El Niño” y José Salazar

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