miércoles, 7 de septiembre de 2011

ASCENSIÓN AL CANCHAL DE LA CEJA (2.430 M) DESDE LA SEGUNDA PLATAFORMA DEL TRAVIESO (1.950 M) (23/JUNIO/2011)

El entorno:
El Macizo Occidental de Gredos, también conocido como Sierra de Bejar o Candelario, se levanta en el extremo sudeste de la provincia de Salamanca, justo en el vértice que forma con las vecinas provincias de Ávila y Cáceres. Observada desde Candelario, la sierra presenta un aspecto alomado, sin grandes accidentes que le confieran el fiero aspecto alpino de lugares tan conocidos como el Circo de Gredos en pleno corazón del Macizo Central. Sin embargo, una mirada más detallada nos permite descubrir en medio de esas lomas cicatrices como Hoya Mayor, Los Canalizos o Hoya Moros que delatan el moldeado glaciar y un carácter montaraz que nos ira sorprendiendo poco a poco a medida que nos adentremos en sus alturas. Entre sus cumbres se esconden tesoros, preciados por cualquier montañero, como Los Dos Hermanitos (2.326 m), El Torreón (2.401 m) que es además la mayor altura de la provincia de Cáceres, el Calvitero (2.405 m), y, como no, el que aquí nos ocupa, el Canchal de la Ceja, que con sus 2.430 metros de altitud constituye el techo de Salamanca.
La Cuerda del Calvitero profusamente decorada por los piornos serranos
Aprovechamos un viaje al bonito pueblo de Candelario para acercarnos a esta cumbre, el Canchal de la Ceja, de tan curioso nombre. Aunque, quizás debería decir lo contrario, porque ya son muchos años en los que el diseño de nuestros viajes siempre gira en torno a alguna bonita montaña. La cabra tira al monte, como me gusta decir. En cualquier caso, Candelario, con su peculiar entramado urbano de calles estrechas y empinadas flanqueadas por altas casonas de aleros volados, por las que baja rugiente el agua de la sierra por unas típicas canaletas que aquí llaman “regaderas”, merece una visita. Si a ello unimos la bien merecida fama de su chorizo y jamón, todo de ibérico, y un carácter netamente serrano, poco más hay que añadir.
El acceso:
Candelario (1.126 m) es una magnífica puerta de acceso a la sierra. Desde el mismo pueblo tomamos una estrecha carretera de montaña que asciende serpenteando suavemente en dirección al Hotel de Montaña “El Travieso”. Éste se sitúa a unos 6 kilómetros, en un primer ensanchamiento de la carretera (Primera Plataforma) que encontramos después de atravesar un tupido pinar. Continuamos otros 3 kilómetros aproximadamente hasta la Segunda Plataforma del Travieso (1.950 m), donde concluye la carretera y, por tanto, dejamos nuestro coche.
La ruta: 
 
Plano con la ruta que seguimos

Encontramos un día con un cielo despejado, azul profundo, y una suave brisa que refresca el ambiente y nos anima para la dura caminata que nos espera. Desde la Segunda Plataforma disfrutamos de una impresionante panorámica. A nuestros píes destacan las aguas azul marino del Pantano de la Fuentesanta y los pueblos de Candelario y Béjar, con la Sierra de Francia y, más al Norte, las amplias dehesas salmantinas como telón de fondo. Frente a nosotros, las pendientes de la vertiente noroccidental de la Cuerda del Calvitero por la que discurre nuestra ruta.
Camino de la Cuerda de El Calvitero. Candelario y Béjar a nuestros píes.
Dos hitos de piedra casi a la entrada de la plataforma nos indican el inicio de nuestro sendero. En el primer tramo atravesamos una zona que, aunque está cubierta por un denso piornal, aún conserva las huellas de un antiguo incendio forestal, la gran peste de nuestros montes durante los veranos. Son varias las veredas que vamos encontrando, aunque procuramos tomar siempre las más marcadas que, además, suelen ser las que sortean más sabiamente las mayores pendientes. Pronto llegamos a la Fuente del Travieso, donde aprovechando el mullido colchón de hierba y el sugerente y fresco fluir del agua, hacemos una primera parada. Conviene hidratarse y reponer agua en la cantimplora, puesto que el “Lorenzo” no nos va a dar mucho amparo. Además, es una buena ocasión para estirar unos músculos algo doloridos, que a los tendones les gustan poco los “cuestarrones” a primera hora de la mañana.
Detenerse y extasiarse con amplio el horizonte que va quedando a nuestra espalda
Enseguida continuamos nuestra marcha constante hacia las alturas. La ruta (o, mejor dicho, las rutas, dadas las mencionadas variantes) está muy bien balizada con hitos de piedra, no presentándonos problemas de orientación a pesar de nuestro desconocimiento del terreno. Poco a poco, los piornos empiezan a estar decorados con su llamativa floración. Son los característicos piornos serranos (Cytisus purgans) que cubren totalmente la ladera, salvo las estrechas sendas por las que caminamos. Casi sin darnos cuenta, nos vemos rodeados en el explosivo amarillo de los piornos en flor, al tiempo que su intenso aroma dulzón acaba embriagándonos.
Rodeados de fragantes piornos en flor. Al fondo, destacan las aguas azules del Pantano de la Fuentesanta
Cerca ya del cordal, encontramos la Fuente de la Goterita. Aprovechamos el fino hilo de agua, que parece querer hacer honor a su nombre, para rellenar la cantimplora mientras disfrutamos del amplio horizonte que va quedando a nuestras espaldas. Curiosas nubes se dibujan en el cielo azul, contrastando con las pendientes teñidas de dorado de la Cuerda del Calvitero.
Rellenando la cantimplora en la Fuente de la Goterita
Bonitas florecillas serranas nos alegran el camino
Acercándonos a la Cuerda de El Calvitero
Con un poco más de esfuerzo alcanzamos la línea cimera. El terreno aparece ahora casi desnudo de vegetación delatando los gélidos vientos que deben arreciar por estos contornos. El paisaje se abre frente a nosotros, dando vista al Macizo Central de Gredos que a pesar de la distancia luce su imponente porte alpino, mientras que a nuestra derecha, casi al alcance de la mano, queda El Calvitero (2.405 m), la cumbre que da nombre a este cordal.
Ya en el cordal. El Calvitero queda a nuestra derecha
Un poco por debajo de la misma, en la misma vertiente por la que venimos ascendiendo, vemos unos extraños postes alineados en sentido ascendente, dando en una primera impresión ser restos de un antiguo vallado. Sin embargo, una observación más detenida, junto a su altura acaban por hacernos comprender que en realidad se trata de los ruinosos vestigios de un antiguo remonte de esquí, quizás el precedente histórico de la vecina Estación de Esquí de la Covatilla. Afortunadamente, aquí parece que la naturaleza ha ganado la batalla y anda recuperando lo que es suyo.
A pesar de la cercanía, decidimos dejar El Calvitero para más tarde y lo sorteamos por su vertiente Sur dando por primera vez vista a nuestro destino. Observada desde donde estamos, la cara norte de la Cuerda de la Ceja, un inclinado pedregal (o canchal) cerrado por sólidos contrafuertes graníticos, parece querer asemejar la homónima y peluda línea arqueada que tenemos sobre nuestros ojos.
La Norte del Canchal de la Ceja
Nos sorprende el gran ventisquero que aún cubre gran parte de esta vertiente de la Ceja. Un breve descenso, de nuevo envueltos en el amarillo piornal, nos sitúa en la Portilla de la Ceja, desde donde disfrutamos del bonito circo en el que asoman las Lagunas del Trampal. Al sudoeste divisamos los Dos Hermanitos y El Torreón.
Ya nos queda poquito...
El Torreón (izquierda) y Los Dos Hermanitos (derecha) desde la cumbre del Canchal de la Ceja
Las Lagunas del Trampal
Desde la Portilla nos queda una corta subida y pronto alcanzamos la amplia cumbre del Canchal de la Ceja. Un escueto buzón de cumbre en forma de cohete marca el punto de mayor altura, 2.425 m., el techo la provincia de Salamanca y del Macizo Occidental de Gredos, y es allí mismo donde nos instalamos para, tranquilamente, recuperar fuerzas con la merienda que venimos porteando desde Candelario.
Foto de cumbre

Iniciando la vuelta. Al fondo asoma El calvitero
La vuelta la hacemos por el mismo camino, salvo un pequeño desvío para una rápida visita a la modesta, pero también altiva cumbre de El Calvitero.
Cumbre de El Calvitero con la Norte de la Ceja ya en la lejanía
La anécdota:
Mientras disfrutamos de nuestras ricas viandas en soledad sobre el Canchal de la Ceja, vemos aparecer por la Cuerda de la Ceja a un solitario montañero que avanza hacia nosotros. Cuando nos alcanza, vemos que trae un “pajarón” considerable (el sol a esta hora caía de justicia), así que le damos algo de glucosa de la que siempre me gusta llevar a mano. Nos cuenta que iba con otros dos compañeros en busca de la Charca de Trochagosta, pero que se han enriscado y cada uno a tirado a su pelleja, en plan ejercito de Pancho Villa. Evidentemente, la situación es un tanto tensa, y aunque pronto aparece por la Portilla de la Ceja uno de sus compañeros, seguimos sin noticias de la tercera del grupo que, para colmo, es la más novata. Afortunadamente, cuando empezamos a ponernos nerviosos, suena el teléfono móvil y la tensión final se desvanece. Finalmente, los tres inician juntos su retorno hacia El Travieso. Esta anécdota me sirve para señalar los pequeños despistes que cometemos a veces en la montaña y que tan caros pueden salirnos.
La explosiva floración de los Cytisus purgans
Grupo de avezados montañistas: José Salazar y Bárbara Fiabane

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martes, 6 de septiembre de 2011

DEMOLICIÓN DEL ALGARROBICO

El Hotel del Algarrobico representa lo peor de la era del "ladrillazo" sobre nuestras costas y el atentado medioambiental más significativo que ha sufrido nuestro castigado Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Desde ayer Greenpeace lo ha tomado para exigir que los gobiernos nacional y andaluz cumplan sus promesas de demolición. Sí estás de acuerdo con esta petición puedes apoyarla firmando en el siguiente enlace:
http://www.greenpeace.org/espana/es/Que-puedes-hacer-tu/Ser-ciberactivista/Algarrobico-Demolicion-ya-Recuperemos-la-playa/?utm_source=newsletter-socios&utm_medium=email&utm_term=Ciberactua+Header&utm_content=08_11_news30&utm_campaign=Algarrobico
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viernes, 5 de agosto de 2011

CAMINO ILEGAL A LA CALA DE SAN PEDRO

Otro capítulo más en la larga historia de insidias y atentados a la integridad ecológica del Parque. La destrucción de la Cala de San Pedro, próximo Algarrobico, se acerca...
http://noticias-cabodegata.blogspot.com/2011/08/ecologistas-exigen-responsabilidades.html
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miércoles, 3 de agosto de 2011

WITH A LITTLE HELP FROM MY FRIENDS (3/FEBRERO Y 6/MARZO/2010)

O, como diríamos por aquí, con una pequeña ayuda de mis amigos. Este es el sugerente título de una buena canción de los Beatles, aunque a mí personalmente siempre me gusto más en la castigada voz de Joe Cocker. En cualquier caso, y disquisiciones musicales aparte, me pareció un encabezamiento muy adecuado a la hora de recordar una “aventurilla” del invierno del año 2010 en un escarpado corredor del Tajo de las Chorreras Negras, en la vertiente Noreste del Picón de Jeres. Una historia en dos capítulos: Dos días y dos compañeros diferentes disfrutando las intensas sensaciones del “arte del sufrimiento”, como en una ocasión definió al alpinismo el gran escalador polaco Voytek Kurtyka.
Vista del corredor y de las 2 rutas seguidas
Un miércoles de comienzos de febrero me dirijo con mi amigo Francis hacia Postero Alto. Como es mediados de semana vamos a estar muy tranquilos, sin el bullicio habitual de los sábados y domingos. La temperatura es anormalmente alta, parece que el frente cálido que anunciaba la “meteo” está siendo puntual a su cita. Nos equipamos y salimos en dirección de nuestro objetivo. Aunque no encontramos la mejor nieve para caminar, nos dejamos llevar por una animada tertulia y hacemos una agradable aproximación hasta la entrada al corredor. Toca colocarse el arnes, los crampones y el casco y empezar la escalada.
Francis al comienzo del corredor

Entramos por el extremo izquierdo y subimos en dirección a un resalte rocoso que atraviesa de izquierda a derecha el corredor por su parte central. La nieve está sin transformar y el pie se hunde hasta el tobillo. Bajo este farallón rocoso iniciamos una travesía ascendente hacia la derecha en busca de una pequeña cascada de hielo que nos puede ayudar a superar este obstáculo. Pronto comprobamos que el hielo es bastante endeble. Mejor encordarse. Francis inicia la escalada y encuentra un hielo aún más podrido de lo que habíamos calculado. No le es posible asegurarlo con un tornillo y la roca tampoco da muchas posibilidades. Un poco a la derecha de la chorrera, un estrecho pasillo rompe la continuidad de la roca. Esta especie de “cuello de botella” le permite superar el resalte. Aún así, el hielo que encuentra no está para grandes alegrías. Me concentro en asegurarle con la tensión habitual cuando los seguros son más bien “quitamiedos”.
Francis superando el resalte
Afortunadamente, por encima de la roca “pincha” nieve de muy buena calidad. Ya más relajados, Francis continúa la ascensión hasta la pared rocosa que cierra el corredor en su frontal, donde monta reunión. Menos mal que me toca moverme, porque aunque no hace frío, me estaba empezando a quedar atrofiado por lo incómodo de la posición. Alcanzo a Francis. Acabamos de superar una interesante pala de unos 60° y unos 50 metros de longitud con una nieve, por fin, de excelente calidad.
Francis empuña de nuevo sus “piolos” y prosigue la escalada en una larga travesía a la derecha aprovechando la línea de intersección entre la roca y la nieve. La sensación de verticalidad es grande. Además, apenas entran las puntas delanteras de los crampones.
Francis trabajándose la larga travesía
El largo está siendo muy trabajoso, pero está realmente valiendo la pena. Cuando la cuerda va llegando a su fin, toca ingeniárselas, y bastante, pues no resulta fácil buscar un buen sitio para montar la tercera reunión.
En la travesía
En el largo final, Francis se despega un poco de la pared para dirigirse al espolón rocoso que cierra el corredor por la derecha. Allí monta la última de las reuniones. A partir de aquí se nos plantea un dilema. Se ha hecho tarde, el cielo está cada vez más cubierto y lo que queda es bastante complicado. Aún así, Francis se aventura a echar un vistazo por lo que parece ser el único punto débil, una chimenea que se forma en el extremo superior derecho del corredor, justo en la intersección entre la pared frontal bajo la que hemos venido ascendiendo y la que forma el espolón de la derecha. Se encuentra con un terreno sucio y musgoso, lo que implica una escalada delicada. Además, la nieve está cada vez más “papa”. En tales circunstancias, decidimos dejarlo para otra ocasión y, medio rapelando, medio destrepando, bajarnos del “canuto”.
Francis montando la última reunión
En cualquier caso, y eso ya lo tenemos muy claro antes de iniciar el “entretenido” descenso, hemos disfrutado de un hermoso día de montaña. Anocheciendo llegamos de vuelta al coche. Ya sobre cuatro ruedas, y salvo un primer tramo de pista un poco “delicada”, toca relajarse y disfrutar el viaje de vuelta con el intenso filosofar sobre lo divino y, sobre todo, lo humano con que nos gusta concluir toda jornada de escalada.
Aunque se dice que segundas partes nunca fueron buenas, un mes y algunos días más tarde me vuelvo a escapar al mismo corredor, esta vez en compañía de otro buen amigo, Antonio “Forty Four”. El tiempo que encontramos al llegar a Postero es el habitual de este invierno, borrascoso. Pero, sé que yendo con Antonio esta circunstancia va a ser un aliciente más a la escalada. Esta vez es sábado y hay más gente pululando por la zona. De todos modos, por donde vamos a andar no vamos a coincidir seguramente con nadie. Hasta nos toca pasar una encuesta sobre seguridad en montaña, que superamos razonablemente bien, salvo por no llevar botiquín...Así que acordamos que será mejor no lesionarse.
Salimos en dirección al río. A medida que ganamos altura, la niebla empieza a espesarse y aunque conocemos sobradamente el terreno, no dejamos de sorprendernos por como llega a despistar este dichoso meteoro. A partir del río empezamos a encontrar nieve de forma más continúa y la ascensión se va haciendo más penosa. Las temperaturas se están manteniendo demasiado altas para la temporada y la nieve no llega a transformarse adecuadamente en estas cotas. Ya en los tramos más empinados de la vertiente izquierda del río nos llegamos a hundir, como diría un castizo, hasta el corvejón.
¡¡¡Hasta el corvejón!!!
Seguimos nuestro camino hacia el corredor, aunque en el fondo ninguno de los dos confiamos demasiado en nuestras expectativas. Pero, “piano, piano se arriva lontano” y así llegamos hasta la entrada del “canuto”. Un traguito de agua, unas miradas cómplices y, acordamos que una vez aquí, habrá que echarle un vistazo...
Entramos también por la izquierda. Me sorprende lo cambiado que encuentro el corredor un mes después de mi anterior visita. La gran cantidad de nieve que ha caído ha cubierto totalmente el farallón rocoso que atravesaba el corredor de izquierda a derecha en su zona media y donde Francis y yo encontramos las primeras dificultades en nuestra ascensión. Antonio y yo continuamos la escalada por la izquierda siguiendo la línea más directa. Como vamos ganando metros y nuestro ánimo no decae, decidimos que es momento de ponerse los arneses y sacar la cuerda ya que la pendiente se empieza a poner seria. Nos toca encarar una cascada de unos 70-80°. Montamos una reunión con dos tornillos.
Reunión
Una fina capa de nieve primavera cubre el hielo, pero éste es, aparentemente, de buena calidad. Me quedo asegurando a Antonio que comienza la escalada con tranquilidad. Mete otros dos tornillos intermedios y supera este resalte de unos 25 metros.
Antonio superando el largo clave
Monta una cómoda reunión y comienza a recuperar cuerda. Mientras tanto me entretengo fotografiando el horizonte que aparece cubierto de nubes, pero calmo, anunciando una inminente nevada. De hecho, apenas noto la cuerda tensa e inicio la escalada, comienzan a caer los primeros copos. Me tomo estos metros con calma, deleitándome con el buen hielo que voy “pinchando”.
El horizonte se va cubriendo de nubes lentamente
Pronto estoy a la altura de Antonio, ahora envuelto en la nevada. Me indica que continúe lo que queda de corredor, ahora más amplio y con menor pendiente. Son otros 50-60 metros con una inclinación en torno a los 45° que se superan con rapidez.
Antonio en la reunión envuelto en la nevada
Antonio se desencuerda y, mientras yo recupero la cuerda, me alcanza. La nevada es ahora bastante intensa, pero lejos de molestar, es momento para relajarse y disfrutar. Quizás sean estos pequeños instantes, casi mágicos, los que nos empujan como un veneno hacia las montañas.
Superamos el “hombro” que forma la parte superior del espolón de roca que cierra el corredor por la izquierda y, tranquilamente, en medio de una fuerte ventisca descendemos hacia el río. Cuando lo cruzamos e iniciamos la subida hacia la “Puerta del Alhorí” ha parado de nevar. Ya solo queda la vuelta a Postero. Nos espera el viaje a casa, con parada “técnica” en el Fermín de La Calahorra para hidratarnos convenientemente y disfrutar con sus sabrosas y picantes tapas, que no todo va a ser trabajar.
Antonio superando el "Hombro" en medio de la ventisca
Ahora, mientras escucho de nuevo en boca de los Beatles el tema que da título a esta historia en una tórrida mañana de julio, me vienen a la cabeza los buenos y frescos momentos pasados en este bonito corredor del Picón de Jeres. Y pienso que en la montaña, como en la vida, todo es más fácil gracias a tus amigos. Si, está bien recordar las cosas que he consiguido "with a little help from my friends".

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lunes, 1 de agosto de 2011

UN PASEO POR LA "PEPA" (4/JUNIO/2011)

A llovido un poco desde que, recién llegado al Club Almeriense de Montañismo, cayó en mis manos un número de la que entonces era nuestra revista, “Cima-Sima”, en el que Jesús Segura “Vitaminas” contaba su escalada juvenil a la “Pepa”, una vía de connotaciones míticas y, diría, casi místicas, para los escaladores almerienses. Me emocionó pensar en grandes paredes casi a la misma puerta de casa. Apenas conocía su ubicación, el Barranco del Fuerte, de cortados muros de más de 200 metros de altura, lisos, como tallados a cuchillo, pero su escalada ni siquiera era para mi una posibilidad lejana. Quizás un sueño, aunque para ello tendría que tomar mucho cola-cao...

Antonio comenzando el 1er Largo
Desde entonces han pasado muchas cosas. Aprendí a defenderme en la escalada y en varias ocasiones y con diferentes compañeros (Emilio Ibáñez, Francis, Antonio “4x4”) me encaramé a los verticales tajos de la Pared de Piedra Lisa, o, de la Pepa, como más nos gusta llamarla a los escaladores almerienses. Incluso, en compañía de Antonio “4x4” y Emilio Ibáñez completamos una bonita escalada a la “Espina Dorsal”, vía vecina que surca esta pared por su extremo izquierdo. Pero por distintos motivos, nunca en los intentos a la “Pepa” pasé de la vira horizontal que cruza la tapia por su mitad y donde se sitúa la reunión de su tercer largo. Por encima quedaban, desafiantes, los famosos techos de su cuarto largo y otro par más de largos de terreno desconocido.
“Si no esperas, no hallarás lo inesperado” escribió hace mucho tiempo un filosofo griego, Heráclito de Efeso. Así, casi quince años después de haber escuchado por primera vez hablar de la “Pepa”, me deje “engañar” por mi amigo Antonio “4x4” y nos encaminamos hacia los murallones del Barranco del Fuerte. Temprano entrábamos en la penumbra algo sobrecogedora de este impresionante cañón. Con nuestras mochilas y soledades a espalda nos dirigimos a la base de la vía, adonde no tardamos en llegar. Entre chistes y alguna que otra “basteza” (perdón por el vocablo, pero los que nos conocéis seguro que lo encontráis adecuado) nos vamos equipando para la escalada. Nos esperan más de 175 metros de pared y la tensión se lleva por dentro.

Antonio en la travesía del 2º Largo
Todavía es temprano cuando comenzamos a escalar. Los tres primeros largos, como ya he señalado, son viejos conocidos, por lo que, sin despreciar ni un ápice sus evidentes dificultades, los afronto sin la inquietud propia de quien se aventura en terrenos ignotos. Aún así, toca esmerarse en la travesía y techo del 2º largo, donde no dudo en echar mano a alguna cinta salvadora. Me concentro en nuestro objetivo, que no es otro que salir por arriba de la vía, olvidando cuestiones de estilo que me parecen meros asuntos terrenales en unos instantes en los que pretendo tocar el cielo.

Superando el techo del 2º Largo
La entrada del 3er largo me exige una “acerada” sin complejos. Así, tranquilamente nos situamos en la gran vira de mitad de la pared. Esta cómoda reunión es un buen lugar para recuperar fuerzas y relajarse por unos momentos antes de afrontar lo que, para mi, es la gran aventura del día. Me resulta difícil abstraerme de los grandes techos que quedan a nuestra izquierda, con su caliza rojiza que parece querer alertar de peligros escondidos. En cualquier caso, desde este estrecho balcón, el imponente panorama del barranco, con la pared de la “Gemma” al otro lado y las adelfas con explosivas flores rosas y blancas luciendo en todo lo hondo, junto a un fresco, casi de más, aire que nos envuelve, nos sube casi instantáneamente la moral.
Antonio en la 3ª Reunión
Sin más dilaciones, Antonio encara el 4º largo con decisión. Súbitamente, la cuerda se tensa, queriéndome sacar de mi confortable puesto junto a la reunión. Ha sido un pequeño vuelo, aunque a estas alturas no deja de ponernos un poco los pelos como escarpias. Pero mi amigo Antonio es un tipo duro, todo un “cuatro por cuatro”, y rápidamente se recompone, reiniciando la escalada de este 4º largo que esta vez finaliza sin ningún otro incidente, salvo un corto descanso y algunos fuertes resoplidos en la dura salida del mismo.
En el Diedro Rojo (4º Largo)

Bajo los techos
Me toca. Colocarse al inicio de este largo ya es por si mismo impresionante. El “Diedro Rojo” me depara una de las escaladas mejores de mi vida, muy física, o al menos así la siento, quizás porque mi corazón bombea a gran velocidad, tanto por la impresión que provoca este terreno, como por la tensión de la cuerda que quiere sacarme de la hermosa, hermosísima, fisura por la que voy ascendiendo. Y cuánta historia guarda este trecho de muro: Viejos tacos de madera empotrados, clavos oxidados, chapas caseras que asustan con sólo mirarlas, me traen a la memoria la maestría de Pedro Tamayo y Paco Delgado, los aperturistas, y de tantos otros pioneros de este deporte en nuestra provincia. Algún descanso me sirve para recuperar el resuello antes de afrontar el techo, que se sortea con una preciosa travesía por su derecha, y la dura, endemoniada, salida a la reunión.
Vieja clavija, historia de la escalada en
Almería
Mientras trato de recuperar el aliento en la minúscula y aérea 4ª reunión, Antonio me formula la pregunta clave: “¿Seguimos?”. Echo una rápida mirada hacia arriba y la oscuridad de la pared cubierta de negro musgo no deja de resultar imponente, aunque, cuando miro hacia abajo y pienso en los impresionantes rápeles, me acabo decidiendo por continuar. Sonrío para mis adentros recordando una frase de Pedro Pidal en su relato de la primera al Naranjo de Bulnes con la que tanto me gusta bromear en estas situaciones: “Retroceder en aquel caso hubiera sido cobardía manifiesta”. Me cuelgo de la reunión a un impresionante vacio, no sin que algo de canguelo me recorra de arriba abajo, y me dispongo a asegurar a Antonio en este quinto largo.
Colgado en el vacio. 5ª Reunión
La entrada, sencilla, está apenas asegurada por un solitario clavo, por lo que no hay que perder la concentración a pesar del cansancio que vamos arrastrando. Una vez ha grapado la primera “chapa”, vuelvo a respirar con tranquilidad. Pronto llega mi turno. Me toca encarar el vertical y musgoso “Diedro Negro”, otro de los tramos de escalada con mayúsculas de la “Pepa”. Los “gatos” a veces resbalan en el negro musgo que cubre unas paredes parcas en apoyos, complicándome la existencia algo más de lo esperado. Enfrascado en mi lucha personal con este largo, me llevo de propina un buen un rodillazo que me hace recordar la dureza de estos muros de caliza, además con tan mala suerte que el golpe viene a coincidir con otra vieja herida de guerra a medio cicatrizar. “Sangre, sudor y lagrimas” para incrementar la épica de esta escalada. Así, con la sangre chorreando por mi rodilla izquierda llego a reunirme con Antonio en la penúltima de las reuniones.
Sangre, sudor y lagrimas, y mucha alegría
al final de vía
Nos resta solamente el duro último largo y una sencilla trepada para culminar la escalada. La lisa placa que tenemos delante intimida. Afortunadamente está preparada para superarla en artificial. De todos modos, el techo en el que culmina la placa tampoco es “moco de pavo”. Es probable, visto el croquis con posterioridad, que no hayamos seguido la vía original en este largo y que lo hayamos combinado con la variante de salida abierta por Emilio Ibáñez. Nosotros seguimos la línea de nuevas y viejas chapas hasta el extremo derecho del techo. Por esa arista, y con algún pasito que se hace de rogar, superamos el techo y ya por una fácil escalada alcanzamos la última de las reuniones. Una sencilla trepada sin bajar la guardia y ya estamos en lo más alto. Un apretón de manos, la foto de cumbre, un traguito de agua y a pensar en el largo destrepe hasta la entrada del barranco. Eso si, ya con los “gatos” en la mochila. Han sido 175 metros y 5 horas de dura escalada que nos han hecho sudar de lo lindo a pesar de lo fresco del día, pero, y sobre todo, disfrutar mucho.
Felicidad tras el trabajo bien hecho
La “Pepa” es la primera vía que se abrió en la Pared de la Piedra Lisa en el Barranco del Fuerte o del Infierno en el T.M. de Huécija (Almería). Sus aperturistas, en un ya lejano 1975, tiempos de bota “gorda” y estribos, son Pedro Tamayo y Francisco Delgado. Son 175 metros de dura escalada, divididos en 6 largos totalmente equipados, con dificultades según pueden verse en el croquis de hasta 6c+. Es decir, se trata de una escalada de envergadura. Como consuelo para los que no tenemos ese grado, la equipación de la vía ha respetado el espíritu con el que fue abierta, y es posible superarla con ayuda de “A0” e incluso estribos. Aún así se trata de una escalada de dificultad que en ningún momento hay que menospreciar. Quien desee más info de esta y otras vías puede pinchar este enlace de la página de Emilio Ibáñez “Toskajara”:
http://www.toskajara.com/escalada.php?desde=&showid=0&on=56&into=15 

Croquis de la "Pepa" (en rojo) y otras vías del
Barranco del Fuerte
(Fuente: CAM)

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martes, 26 de julio de 2011

JORGE CAFRUNE

Jorge Cafrune, voz de la tierra, da nombre a una bonita vía de escalada en la Piedra del Mediodía en María. La "Arista Cafrune", cuya escalada disfruté en compañía de Francis, Eloy "Atajos" y Antonio "4x4" hace ya un tiempo. Qué mejor para recordar esos momentos que escuchar al gran Cafrune con su "Zamba de mi Esperanza".



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jueves, 14 de julio de 2011

BIENVENIDOS

Bienvenidos a Alma de Cherpa, mi nuevo Blog que, como esta sociedad, está en construcción, o, en permanente construcción.
Alma de Cherpa pretende ser mi viaje personal por la vida en general, con una especial atención a las montañas y la naturaleza, es decir, a aquello que más me gusta y con lo que más disfruto. Pero no quiero olvidar los convulsos tiempos en los que vivimos. Así que también dejaré un hueco para la denuncia, ecológica y social. Y, como no, a la música y a la cultura que ayudan a liberar nuestras mentes de tantos yugos con los que intentan atenazarnos en el día día.
Y nada más, espero que os vaya gustando.
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