jueves, 16 de enero de 2014

ESCALANDO EN EL TAJO DE LA CHORRERAS NEGRAS (NE PICÓN DE JERES)

12/Octubre/2013
“Sabe más el diablo por viejo que por diablo” sentencia un conocido refrán y es que la experiencia es siempre un grado en la montaña como nos demostró el compañero Gelín en el Tajo de las Chorreras Negras (NE Picón de Jeres). Esta zona, en la que ya hemos escalado varias veces, especialmente con nieve, siempre nos ha llamado la atención por su potencialidad alpina. Así que para allí nos fuimos un sábado de principios de otoño con la idea de trepar un rato y, de paso, reconocer el terreno con vistas al próximo invierno.
El Río Alhorí
Con muy buena temperatura comenzamos la aproximación al tajo desde el Refugio de Postero Alto. El recorrido es corto y bastante cómodo, salvo en las últimas y un tanto ásperas rampas. Nos situamos en la base de un amplio corredor, desde donde Gelín otea un par de lejanas chimeneas que destacan a la derecha por encima nuestra. A Antonio y a mí nos impresionan esas estrechas y verticales fisuras, oscuras cual boca de lobo, que parecen querer engullirnos como a tiernos cordericos. Por ello, con la precaución de todo buen cagueta, optamos por continuar con la idea inicial que traíamos que no es otra que comenzar la escalada por una angosta y sombría canal situada un poco a la izquierda del corredor principal. Se trata de un recorrido que escalamos hace ya unos cuantos años y que, medio en broma, bautizamos con el jocoso nombre de “El Musgo el Alpinista” por la frondosidad herbácea que cubría sus pasos más críticos. Se caracteriza por un aspecto bastante caótico y una escasa calidad de la roca que lo hace más idóneo para invernales. Montamos una reunión y Antonio inicia la escalada, mientras Gelu y yo temblamos un poco ateridos por el frescor matutino.
Gelu en la reunión del 1er Largo: "El Musgo del Alpinista"
La vía no presenta ninguna dificultad remarcable, salvo un estrechamiento con mala roca cubierto de hierba y musgo, como corresponde a su renombre, complicado de asegurar. Antonio se esmera en este tipo de terreno donde sabe moverse con soltura y confianza. Superado este escalón, se sale caminando hasta montar una primera reunión en una amplia y cómoda grada soleada. En total, salen unos 30 metros con un grado de V-.
Antonio 4x4 en plena escalada del "Musgo del Alpinista"
Comenzando la parte clave del largo
Antonio superando el resalte musgoso
Una vez reunidos los tres, desmontamos esta reunión y en ensamble nos movemos unos pocos metros a nuestra derecha para montar una nueva reunión en una pequeña repisa.
Gelu repasando el largo que acabamos de escalar. Al fondo se aprecia el Refugio de Postero Alto


Gelu en la 2a Reunión

De nuevo, Antonio dirige la cordada en una escalada que ahora discurre en travesía prácticamente horizontal hacia la derecha a lo largo de una estrecha vira y que nos va acercando a las chimeneas que observábamos al comienzo de la mañana desde la base del corredor. Es un terreno sencillo, aunque un par de resaltes obligan a no relajarse si se tiene en alguna estima la dentadura y poco aprecio por los dentistas. En este segundo largo empleamos los 60 metros de las cuerdas con un grado de IV+.
Antonio iniciando el 2 º Largo
Casi al final del 2º Largo, con la chimenea del 3er Largo asomando al fondo
Antonio montando reunión junto a la chimenea
Una vez reagrupados, nos movemos hasta colocarnos justo debajo de una profunda chimenea algo inclinada hacia la izquierda. Allí encontramos un clavo que nos sirve para montar reunión y que parece querer indicarnos claramente que el camino a seguir hasta la cumbre pasa por esta oscura y profunda brecha. Antonio comienza la escalada, aunque, poco convencido decide abandonar la chimenea y probar un diedro a su derecha. Pero tampoco este diedro se deja superar fácilmente, así que finalmente decide descolgarse de un “friend” y dejar que el Maestro “Gelín” le pegue un tiento a la susodicha chimenea.
Antonio probando el diedro a la derecha de la chimenea
El "Diablo" Gelín
Nuestro compañero nunca deja de sorprendernos en estos lugares donde la montaña muestra sus dientes. Rememorando su juventud asturiana, Gelu progresa a lo largo de la chimenea, desapareciendo de vez en cuando en su interior para meter algún que otro seguro. Casi sin darnos cuenta supera este último largo del día con una facilidad pasmosa.
Gelu iniciando el 3er Largo
Superando la chimenea con elegancia
Una vez montada la reunión, es mi turno para disfrutar de la escalada de chimenea, tan poco habitual en estas zonas. Resulta un magnífico largo de unos 30 metros y un grado de V+.
Fotografiando al compañero Antonio desde el interior de la chimenea
Antonio saliendo de la chimenea
Tras recuperar el “friend” abandonado en el intento al diedro, ya sólo nos queda regresar a por el material que dejamos al pie del primer largo para, más felices que unas perdices, desandar el camino recorrido esta mañana. Mientras lo hago, no dejo de recordar ese viejo refrán con el que encabezo esta breve crónica. ¡Menudo diablo el Gelín!
Maniobras para recuperar el "friend"

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miércoles, 10 de julio de 2013

DE TODAS LAS HISTORIAS DE LA HISTORIA

Dada la triste situación que venimos viviendo, o más bien habría que decir sufriendo, en este país en los últimos años, dados los últimos y bochornosos acontecimientos, dado el mal gobierno que nos vemos obligados, y es casi un mal endémico, a cargar sobre nuestras doloridas espaldas, recordar este poema de Jaime Gil de Biedma se me hace casi una obligación.


De todas las historias de la Historia
Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.
Jaime Gil de Biedma

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miércoles, 24 de abril de 2013

INVERNAL AL ALTO DEL CASTILLEJO (1.977 M) SIERRA DE GÁDOR (13/FEBRERO/2010)

De nuevo, y ya van unas cuantas, una borrasca se viene a pasar el fin de semana por estas latitudes. En esta ocasión, además coincide con el campamento invernal del Club y con que mi hermano baja de Madrid con la intención de compartir un rato de monte. A medida que el viernes avanza la cosa va pintando cada vez más fea: no para de llover y el frío en la ciudad parece anunciar nieve abundante en las alturas. Pronto mi hermano me comunica que se queda en Granada, ya que la carretera está cerrada por la nieve tanto por Iznalloz, como por el Puerto de la Mora. Aún quedan los compañeros del Club que en la sede, entre cerveza y vinillo para entrar en calor, se debaten entre mantener la convocatoria del campamento o suspender. Finalmente sobre las once de la noche recibo un mensajillo indicándome la decisión final: dejarlo para mejor ocasión. Aunque no dudo de su buen juicio (el día pinta bastos), tengo ya los bártulos listos y ya he quedado con el amigo José Omar, por lo que decido probar suerte mañana, aunque solamente sea por ver el panorama.
Asomando al Barranco de las Fuentes
Amanece cubierto, aunque la lluvia parece que nos da una breve tregua. Ahora la cuestión es hacia dónde tirar. Dadas las condiciones reinantes, me decido por Sierra de Gádor, un buen comodín para estas ocasiones. La zona de Dalías siempre suele dar buen juego cuando Sierra Nevada está muy cargada de nieve. Además, está más cerca y si tampoco se puede hacer nada por allí, por lo menos el viaje es más corto. Pronto nos percatamos que la lluvia no tiene intención de abandonarnos y nada más entrar en la autovía nos acompaña una persistente llovizna que se va transformando en aguacero a medida que nos desplazamos hacia el oeste. Además, la temperatura que marca el termómetro del coche, 3ºC, es bastante baja para estos lares. Aún así, la nieve no asoma muy baja por la sur de Sierra de Gádor.
Tras una parada en la Venta el Pampanico para echar un cafetito, iniciamos la subida por la pista del Arroyo de Celín. Nuestra intención es subir el coche hasta el Cortijo Clavero o hasta donde buenamente podamos. Hasta Clavero (1.200 m) no encontramos ningún problema, apenas restos de una rala nevada y la pista en perfecto estado. El coche lo dejamos antes de lo que parece ser la entrada a la propiedad. Afortunadamente el cahaparrón ha dejado paso a un fugaz, pero persistente calabobos. Nos equipamos con todo lo que llevamos para la lluvia con la vana esperanza de no mojarnos o al menos no demasiado, e iniciamos ruta por el trazado del PR A-113. Aún no tengo claro qué recorrido hacer, aunque empiezo a rumiar la posibilidad de intentar el Alto del Castillejo, una ascensión que siempre me ha resultado muy satisfactoria. Así que dejamos a nuestra derecha el sendero que sale en dirección al Reventón y continuamos la marcha camino del Cortijo Chiclana. Desde las ruinas de este cortijo hasta la fuente y balsa que hay tras vadear el Barranco del Coto, la traza del sendero está algo perdida, aunque es un corto trecho y no resulta difícil de retomar de nuevo si nos orientamos con los visibles zizagueos de la senda que se pueden distinguir enfrente nuestra (la conocida “Eme”). Hacia allí nos dirigimos con paso alegre, no sin antes echar un buchito de agua de la mencionada fuente. Al llegar al cruce con la senda de Castala (aproximadamente 1.350 m), comienza a caer aguanieve y el paisaje empieza a aparecer por primera vez cubierto de blanco. Continuamos nuestro camino por el PR A-113, ahora en dirección a Fuente de la Mosca. El ambiente, aunque no está todo lo nevado que esperábamos, es magnífico y nos anima a seguir a pesar de la humedad que empezamos a notar bajo los chaquetones. Y no parece que vaya a escampar.
Seguimos por el sendero, dejando atrás el vivac de Cortijo Robles y el cruce de la variante a la Covacha, hasta donde se inicia el cambio de vertiente y el descenso a la Fuente de la Mosca, sobre los 1.430 m. de altitud. Toca tomar una decisión, intentar o no hacer cumbre. Como el tiempo, aunque malo, se mantiene, no hace demasiado frío y el terreno es conocido, finalmente decidimos intentarlo. Aquí toca abandonar la comodidad de la senda e iniciar la ascensión de la cuerda sureste del Castillejo. El terreno se empina y al estar cubierto por nieve muy húmeda hace frecuentes nuestros resbalones. Pronto alcanzamos el sobresaliente encinar que cubre toda la vertiente sur del Pecho Cuchillo desde aproximadamente los 1.350-1.450 m.
En la cuerda SE del Castillejo. Empieza lo bueno
Seguimos a buen paso, pues la intención es no entretenerse demasiado por si el “marrón” dice de ir a peor. A medida que ganamos altura, el terreno va ganando ambiente y la nieve espesor. No nos arrepentimos de haber salido desde Clavero con bota “gorda” aunque hayamos perdido comodidad en los senderos. Pronto nos encontramos con el pequeño resalte que se trepa por un estrecho canalón o chimenea. Nos sacudimos bien la nieve, y extremando las precauciones para evitar resbalones, solucionamos esta fácil trepada.
La "trepadita"
La bajada por el otro lado presenta un espectacular aspecto, toda cubierta de nieve. Aquí también nos lo tomamos con calma para no meter la pata donde no debamos. Otra corta y húmeda trepada más y ya solamente nos quedan las últimas pendientes hasta la cumbre. Cada vez más nieve y más inclinación, por lo que los resbalones son más frecuentes.
La última rampa
Cuando pienso en la bajada, me río imaginando que algún que otro culazo será inevitable. Bajo una intensa nevada llegamos empapados al hito de piedras que marca la cima del Alto del Castillejo (1.977 m). No debemos perder tiempo, así que un par de fotos, barrita energética, trago de agua (como si hiciera falta...) y, echando leches, para abajo.
La cumbre
La bajada la hacemos siguiendo nuestros pasos. La nevada arrecia y los grandes copos se acumulan en las ramas de los árboles y arbustos que ya lucen una vistosa peluca blanca, ofreciendo imágenes tan bellas como la de un solitario arce blanqueado por la ventisca que emerge ante nuestros ojos entre la neblina.
El solitario arce
Rapidamente, y sin más percances que algún que otro inoportuno patinazo, nos plantamos de nuevo en el sendero. Ahora ya no nieva, aunque el aguanieve continúa empapándonos hasta el túetano. Para no repetir la ruta de subida, y como el PR A-113 es circular, nos marchamos en dirección a Fuente de la Mosca, donde nos sorprende el caudal de agua que circula por el Barranco del Coto. Desde aquí, la senda sortea un pequeño repecho hasta tomar la variante de las Minas del Peñoncillo por donde tiramos a buen ritmo en dirección a Cortijo Clavero. Las generosas lluvias de los últimos meses se hacen notar y encontramos mucha, mucha agua brotando por los pequeños e improvisados nacimientos. Pronto estamos en el cruce del “Reventón” y en la bajada a Clavero. Una vez en el coche, lo primero es quitarnos las húmedas y embarradas ropas y ponernos algo seco para intentar no perder temperatura. Ya conduciendo, nos metemos entre pecho y espalda los bocatas que tanto nos hemos ganado y que los “meteoros” no quisieron dejarnos comernos en su momento. Sin duda, el Castillejo nos ha ofrecido otro día soberbio de montaña. Por eso, esta es quizás la mejor ascensión de Sierra de Gádor.
Aventureros intrépitos: José Omar y José Salazar

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miércoles, 3 de abril de 2013

UNA CLÁSICA DE GÁDOR: EL ALTO DEL CASTILLEJO (1.975 M) DESDE CORTIJO CLAVERO (CORDAL SE)

“El Pecho Cuchillo, prácticamente un “dosmil” orillado al Mediterráneo, ofrece sin duda la mejor ascensión de Gádor: sendas de las primeras repoblaciones, reductos de encinares y áceres, relieves calizos, y sobre todo la sensación de que la sierra surge como un castillo del mar, los modernos invernaderos de El Ejido y los recuerdos de la tahas árabes de Berja y Dalías. Majestuosa ruta, jugando entre la montaña y el mar, de cara al viento salado, al inmenso horizonte azul que viene de África”. Con semejante presentación de Juan Carlos García Gallego en su Excursiones por el Sur de España, sin duda alguna la “Biblia” del montañismo en las cordilleras Béticas, poco más habría que añadir, salvo que es esta una de esas cumbres que hacen que durante su ascensión el montañismo se convierta en algo parecido al arte. Por todo ello y por una especial querencia que me une a estos bravos escarpes de la vertiente suroeste de Sierra de Gádor, el Pecho Cuchillo con su punto culminante, el Alto del Castillejo (1.975 m), es una de esas montañas que no dejo de visitar cuando surge una buena ocasión. Ocasiones que últimamente suelen coincidir con borrascas invernales más o menos poderosas.
Esta vez conseguí “liar” Paco Lajara, buen amigo y valiente montañero, para esta incursión al monte en medio de la explosividad ciclogénica.
Desde la pista el Cordal SE de Pecho Cuchillo aparece cubierto por un espeso manto nuboso
El Acceso:
La forma más rápida para acceder al inicio de esta ruta es mediante la pista forestal que parte a la derecha del aparcamiento del Área Recreativa de Celín, a no ser, claro está, que se decida por comenzarla desde esta Área Recreativa asumiendo los 600 metros de desnivel adicionales de “Los Borondos”. Elección ésta para recios montañeros que gusten de subir a las cumbres desde su mismo piedemonte. Nosotros, con el brío algo atemperado por el frío reinante, optamos por la primera alternativa y tras conducir unos 10 kilómetros dejamos el coche en el camino principal junto al cartel indicador del tercero de los desvíos al Cortijo Clavero (1.240 metros de altitud aproximadamente). Por cierto, encontramos el firme de la pista forestal en muy buen estado, perfecto para la circulación de turismos.
La Ruta:
Al bajar del coche nos sorprenden gratamente las condiciones meteorológicas que encontramos, mucho mejores de lo que esperábamos a pesar del viento y el evidente frío. De todos modos no hay que confiarse, así que nos equipamos convenientemente antes de tomar rumbo a Cortijo Clavero (1.190 metros de altitud). De hecho, nuestro objetivo se oculta detrás de un espeso manto nuboso. Tras una corta bajada por un pinar, dejamos a nuestra derecha un aljibe y continuamos por el camino más marcado (izquierda) para, tras obviar un primer desvío que parte a nuestra izquierda (vuelve a la pista principal), seguir en suave llaneo (NW) hasta Clavero. Antes de llegar al cortijo propiamente dicho, dejamos un segundo desvío a la izquierda que es el que viene desde el A.R. de Celín por “Los Borondos” y un sendero que sale a nuestra derecha (hay un cartel indicador) y que va a las Minas del Peñoncillo y Fuente Alta. En total poco más de un kilómetro con desnivel negativo. Estamos ya en el trazado del PR-A 113 (“Sendero de Dalías-Sierra de Gádor”), un sendero balizado.
Continuamos el camino que llevamos, ahora PR-A 113, sorteando Clavero a nuestra izquierda y tomando una bajada entre pinos (Norte) hasta un campo de almendros que nos regala la explosiva blancura de su floración. El camino atraviesa el almendral por en medio, mientras que el sendero va por su lindero superior, aunque ambos se unen poco antes del Barranco de Fuente Alta.

La explosiva floración de los almendros antes del Cortijo Chiclana
Tras cruzar este cauce, pasamos frente a las ruinas del Cortijo Chiclana (1.170 metros de altitud), punto en el que el trazado de la senda, así como las balizas, desaparecen cortados por un corral de ganado y diversas “pseudo” construcciones del pastor. Lo más conveniente es continuar en paralelo a las ruinas del cortijo y el corral, con atención a la presencia de algún perro guardián (el que nosotros encontramos atado a un árbol era un buenazo, completamente pacífico), hasta cruzar el Barranco del Coto que desciende desde Fuente de la Mosca y la vertiente oriental del Pecho Cuchillo, para remontar con atención su vertiente orográfica derecha hasta dar con una fuente junto a las ruinas de una balsa (1.190 metros de altitud), donde volvemos a retomar la traza del PR-A 113. Ojo a los sedientos, no es posible recargar agua en esta fuente ya que está entubada por el pastor.
Nosotros seguimos la traza del sendero que hacia el Oeste inicia subida a través de los evidentes zigzagueos de “La Eme”. Dejamos atrás un primer desvío a la izquierda que se adentra en la vertiente derecha del Barranco de las Fuentes (erróneamente Fuente Alta en la cartografía) y un segundo, esta vez a la derecha, que se dirige hacia el Barranco del Coto, continuando a buen ritmo nuestra subida. La temperatura y el ánimo ayudan. El recorrido se adentra en un agradable bosque de pinos sobre el que se vislumbran unos interesantes paredones dolomíticos, mientras que bajo nuestros pies se dibuja el profundo cañón del Barranco de las Fuentes que cae bruscamente hacia Celín desde la altas cumbres. La diosa fortuna empieza a sonreírnos y poco a poco el sol empieza a ganarle la batalla a las pesadas nubes que hasta hace un instante cubrían el cielo.

El profundo Barranco de las Fuentes con Dalías y sus invernaderos al fondo
La verdad que resulta emocionante recorrer estas sendas de las primeras repoblaciones de Gádor, tan bien trabajadas por viejas y sabias manos. Pronto llegamos a un cruce, ignorando el sendero que sale hacia nuestra izquierda (Oeste; PR-A 154 “Senda de Castala”), continuamos el ascenso ahora por un encinar (Quercus rotundifolia) bastante aclarado hasta las inmediaciones del Cortijo Robles (1.400 metros de altitud) que dejamos, junto a un desvío que se dirige a la Cobacha, a nuestra izquierda. Aunque parte del terreno muestra aún las cicatrices de un antiguo incendio forestal, la naturaleza ha realizado una excelente labor de regeneración, tanto que hoy no es fácil imaginar el paso destructivo del fuego.
El trazado del sendero nos lleva, siempre ascendente, hacia el cordal Sureste del Pecho Cuchillo. Andamos junto a bellos ejemplares de encinas, ahora bajo un incipiente cielo azul, aunque jirones de niebla aún permanecen adheridos en las profundidades del Barranco del Coto.

El sendero va alcanzando el cordal SE del Pecho Cuchillo entre ejemplares aislados de encinas
Antes de iniciar el cambio de vertiente y el descenso hacia la Fuente de la Mosca, aproximadamente a 1.430 metros altitud, abandonamos la comodidad del sendero para afrontar las ásperas pendientes de la cuerda sureste. Vamos ganando rápidamente altura y con ello perspectivas sobre el Mediterráneo y ese otro mar, en este caso de plástico, que cubre casi en su totalidad el Campo de Dalías. Abrimos camino a través de un espeso matorral, con abundantes enebros (Juniperus oxycedrus) y aulagas (Ulex parviflorus) a las que no parece gustarle mucho nuestra presencia a juzgar por la forma con la que “acarician” nuestras indefensas piernas. Las cada vez mayores y más esbeltas encinas que vamos encontrando son un buen indicativo del aislamiento de estos parajes y la dificultad de acceso que ofrecen a ese gran depredador planetario que es el hombre.
Ganando poco a poco altura y vistas sobre el Mediterráneo y el mar de plástico de El Ejido
Dalías y su vega aparecen y desaparecen a nuestros pies bajo velos nubosos arrastrados velozmente por el viento mientras vamos alcanzando el reino de la roca. Poco a poco la cuerda va afilándose y aunque nunca llega a convertirse en una escarpada arista, sí que vamos encontrando pequeños resaltes en los que es necesario utilizar las manos y sentir la agradable rugosidad de la caliza. Siempre se trata de trepadas sencillas, como una estrecha y corta chimenea o alguna pequeña plaquita inclinada, y que hacemos por puro divertimiento, ya que en su mayoría se pueden evitar por algún lateral.

Los invernaderos de la Vega de Dalías aparecen y desaparecen tras las nubes arrastradas velozmente por el viento

Una pequeña chimenea
O una plaquita inclinada sobre los aceres y con los "morrones" nevados al fondo
A nuestra derecha, resguardado en la umbría de la vertiente noreste del Pecho Cuchillo, se desparrama uno de los bosquetes de arces (Acer granatense), o aceres como se conocen por estas tierras a estos bonitos árboles, mejor conservados de Sierra de Gádor. Aunque desprovistos de sus hojas no lucen sus mejores galas, nos contentamos imaginando los ocres y rojos de su follaje otoñal cubriendo estas laderas. No deja de ser un lujo poder disfrutar de estos paraísos botánicos tan cerca de casa. Más lejanos, los “morrones” aparecen cubiertos de una fina capa de nieve bajo los espesos nubarrones que se resisten a retirarse.
Los "morrones" cubiertos de nieve bajo espesos nubarrones
Continuamos la ascensión, ahora sorteando los escarpes rocosos por la derecha, hasta aproximarnos a una imponente arista que nos conduce a una visible portilla poco antes de la cumbre. Impresionante el ambiente, el paisaje que nos rodea, las nubes que parecen jugar a nuestro alrededor, todo eso que a veces hace que los más rudos montañeros acaben transmutados en tiernos, cuasi angelicales, seres capaces de sobrecogerse con la más humilde de las florecillas, y, hasta hay malas lenguas que dicen de alguno al que se le ha visto escapar alguna furtiva lagrima.

Elegante arista cerca ya de la cumbre

Superando la portilla anterior a cumbre
La cumbre nos recibe con su modesto hito de piedras aún decorado con la escarcha de la ventisca de la pasada noche. A modo de aclaración, indicar que el vértice geodésico, visible desde el Alto del Castillejo, está situado en la antecima (1.955 metros) del vecino Pecho Cuchillo. Unas fotos, un trago de agua y un buen tiento a la “flauta” de sobrasada que trae consigo el amigo Paco e iniciamos rápidamente el descenso ya que las nubes siguen amenazantes sobre nuestras cabezas.
Un modesto hito de piedras señala la cumbre de El Castillejo (1.975 m). Al fondo luce brillante el Mediterráneo y el plástico de los invernaderos.

Foto de cumbre
Desandamos el camino hasta la portilla situada un poco antes de la cumbre (sobre los 1.940 metros) y decidimos bajar directamente por la misma.

De vuelta a la portilla donde se inicia la inclinada pedrera del descenso
Es este un severo descenso por una incómoda pedrera de gran pendiente en la que hay que extremar precauciones para evitar molestos resbalones y, sobre todo, enviar al compañero de delante algún regalito en forma de “bolo” de considerable tamaño rodando a alta velocidad. “Surfeando” entre el pedregal vamos perdiendo rápidamente altura atravesando el poblado encinar que cubre la sur del Pecho Cuchillo hasta enganchar con la “Senda de La Cobacha” algo por encima de los 1.400 metros de altura, momento en el que una escueta nevada parece querer despedirnos de las alturas. Una vez en el sendero, caminamos hacia la izquierda (Este) en busca del Cortijo Robles donde enlazamos con el PR-A 113 para volver por el mismo camino que seguimos durante el ascenso unas horas antes.

En plena pedrera

En el encinar, al fondo los escarpes rocosos de la sur del Pecho Cuchillo. Un poco a la derecha se distingue la portilla del descenso
Resumen:
Excelente ruta montañera, en la que comparto plenamente la opinión de Juan Carlos García Gallego, sin duda la mejor ascensión que ofrece la Sierra de Gádor. Con un desnivel acumulado superior a los 900 metros requiere buena forma física y, sobre todo, saber moverse con soltura por la montaña, aunque el magnífico entorno serrano que nos rodea de inicio a fin nos compensará sobradamente el esfuerzo realizado. La bajada por la pedrera no es aconsejable por la gran pendiente y la inestabilidad del terreno. Es mejor desandar la cuerda SE hasta encontrarnos con el sendero PR-A 113 y, bien desandar el camino hecho en la subida, o bajar hacia Fuente de la Mosca en el Barranco del Coto para, tras ascender por su vertiente izquierda siguiendo el sendero hacia Fuente Alta, desviarnos en un primer cruce a la derecha en dirección a las Minas del Peñoncillo (Barranco de Fuente Alta) por donde volveremos al Cortijo Clavero. Si se dispone del tiempo y las ganas suficientes, esta ascensión se puede iniciar desde el mismo piedemonte de Sierra de Gádor tomando PR-A 113 en el Área Recreativa de Celín. Esta opción requerirá un desnivel adicional de 600 metros recorriendo los “Borondos”. Ojo con las rodillas a la vuelta.

Por último indicar que nosotros, sin distracciones y a un ritmo vivo, empleamos 3 horas en la subida y otras 2 horas en la bajada.
Aquí os dejo un enlace a Wikiloc con esta ruta:
Alto del Castillejo (1.978 m) desde las cercanías de Cortijo Clavero


Grupo de avezados montañistas: Paco Lajara, José Salazar
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jueves, 20 de diciembre de 2012

HAY OTROS ANNAPURNA EN LA VIDA DE LOS HOMBRES

Hace muy pocos días que moría Maurice Herzog, uno de los grandes del alpinismo de todos los tiempos después de su mítica escalada en compañía de Lachenal, otro de los imprescindibles, al primero de los ochomiles, el Annapurna, el año 1950. Todo un reto que quedo reflejado en su gran libro "Annapurna: Primer Ochomil. Expedición Francesa al Himalaya" que publicó en España la desaparecida Editorial Juventud. Han pasado muchos años desde que leí, o más bien debería decir que devoré, este gran libro de aventuras que tenía mi padre en su biblioteca de temas de montaña. Muchos han sido los libros de montaña que he leído después, la mayoria de ellos de hondo contenido y gran calidad literaria, pero lo que el libro de Herzog me dejo grabado, la emoción que me transmitieron sus páginas, no lo he vuelto a encontrar. No puedo decir que sea montañero por Maurice Herzog, pero si que soy el montañero que soy en gran parte gracias a lo que me hicieron vibrar sus palabras.
Maurice Herzog a su vuelta del Annapurna con graves congelaciones en las manos
Maurice termina su libro con estas palabras tan llenas de significado y vitalismo en un hombre obligado a abandonar su pasión, el alpinismo extremo, pero siempre dispuesto a asumir nuevos retos. Quizás, en estos tiempos tan duros que nos han tocado vivir, sea un buen momento para releerlas y reflexiionar sobre su sentido.
"El Annapurna, para todos nosotros, es un ideal realizado; en nuestra juventud no nos absorbían los relatos imaginarios ni los sangrientos combates que las guerras modernas ofrecen a la imaginación de los niños. La montaña fue para nosotros un campo de batalla natural en el que, jugando en las fronteras de la vida y de la muerte, buscábamos la libertad que oscuramente anhelábamos y que necesitábamos tanto como el pan.
El Annapurna, hacia el que hubiéramos ido todos con las manos vacias, es un tesoro sobre el cual viviremos... Con esta realización, una página se dobla... Una nueva vida empieza.
 Hay otros Annapurna en la vida de los hombres".
 ¡¡¡Hasta siempre, Maurice!!!
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jueves, 29 de noviembre de 2012

LA TRAVESIA DE LOS “DOSMILES” DEL RIO GOR: UN “PATEO” CON SABOR CLÁSICO (27, 28/OCTUBRE/2012)

“Todo lo que pido es el cielo sobre mi cabeza y el camino bajo mis pies”
                                                                             Robert Louis Stevenson
Introducción:
La Sierra de Baza, a pesar de su cercanía, continúa, tal vez eclipsada por su vecindad con Sierra Nevada, siendo una gran desconocida para el montañismo almeriense. Una sierra con un núcleo de áspera morfología kárstica, dominada en las alturas por agrestes calares desde los que se divisan estrechos y profundos valles y barrancos que resaltan como verdes cicatrices entre el gris cenizo de la caliza. Encontraremos llamativas formaciones como torcas, campos de dolinas y lapiaces e importantes vestigios de una antigua actividad minera que horadó estos parajes en busca fundamentalmente de galena (sulfuro de plomo) y fluorita. También valiosos pinares autóctonos como los de los calares de la Rapa y San Sebastián, Santa Bárbara, Boleta, Prados del Rey y la Fonfría donde dominan imponentes ejemplares de pinos salgareños (Pinus nigra subsp. salzmannii) y albares (Pinus sylvestris subsp. nevadensis), destacando entre todos ellos, un venerable “abuelo”, el centenario “Pino de la Señora. El inicio del otoño nos sorprenderá con los desgarradores mugidos de los ciervos en la berrea, siendo muy habitual compartir ruta con estos grandes ungulados, mientras las alturas y los roquedos son los dominios de las cabras montesas que con su agilidad dejarán en ridículo nuestras habilidades montañeras. Terrenos solitarios, duros, en los que los montañeros podemos disfrutar de ese placer tan elemental como es sentir el fresco aire serrano curtiéndonos la piel y el alma mientras acariciamos con nuestras alpargatas la piel de la Diosa Gaia.
Victor en el Calar de San Sebastián envuelto en la niebla

La crónica:
Hay recorridos que sin duda conservan el sabor del montañismo clásico, cuando el coche de un compañero, atestado de gente y macutos, un autobús o, incluso, un tren de esos que ya casi han desparecido, nos acercaban a un pequeño pueblo desde el que nos separaba una ardua “pinrelada” de las ansiadas cumbres que veníamos buscando. Siempre resulta agradable recordar estos viejos tiempos, acostumbrados como estamos hoy en día a subir el coche hasta casi el cielo. Esta vez, los cuatro integrantes de esta pequeña aventura nos apretamos en el coche de Víctor y en una mañana desapacible de otoño que, por cierto, nada bueno auguraba en término meteorológicos, salimos hacia la pequeña pedanía de Las Juntas (1.490 m), punto de partida de la travesía.
El Valle del Río Gor bajo el espeso manto de nubes
Las Juntas nos recibe con el cielo cubierto por un espeso manto de nubes que impide la visibilidad a partir de los 1.700-1.800 metros de altitud. Sin embargo, el suave viento que sopla de poniente nos hace ser optimistas, a lo que contribuye “El Gillo”, un lugareño ya veterano, que se nos une en el inicio de la ruta, y que como buen conocedor de estos terrenos nos indica que no nos mojaremos. Casi profetizando, como más adelante veremos, también nos avisa de los peligros de la niebla en el Calar de la Rapa. Con las mochilas a la espalda comenzamos la remontada del valle del Gor, mientras nuestro amigo “El Gillo” nos ameniza durante este primer tramo con historias de estos lugares y de aquellos tiempos en los que el hambre azuzaba de tal manera que hasta las grajas eran un buen bocado que llevarse a la boca. Pronto nos despedimos de “El Gillo” que tira hacia el Barranco del Zambrón en su búsqueda de setas, mientras nosotros continuamos por el Río Gor.
Primeros pasos escuchando las historias de "El Gillo"

Caminando junto al Río Gor
Un momento para disfrutar del camino ya andado
La temperatura, el ambiente, la luz que filtran las pesadas nubes y que destacan los verdes y los ocres que aún rivalizan en la vegetación de ribera en estos comienzos del otoño, animan nuestra marcha. Empiezan a aparecer manchas de pinos y, fantasmagóricas, envueltas entre jirones de niebla, “Los Frailes”, una serie de gendarmes o pequeñas agujas que decoran la ladera norte del Calar de los Frailes a la altura de un pequeño dique. Estamos ya muy cerca de las ruinas del Molino de los Pulidos que aparecen tras atravesar un tupido bosque de ribera de álamos negros (Populus nigra). Es un buen lugar para hacer un pequeño descanso y, después de dar un buen tiento al poderoso vino que lleva Kiko en la bota, recuperar algo de la energía consumida ya que a partir de ahora nos aguardan los primeros desniveles serios del día.
Los "Frailes" aparecen al fondo envueltos entre jirones de niebla
Llegando al Molino de los Pulidos atravesamos un interesante bosquete de álamos negros

La subida al Calar de la Rapa (2.239 m) se hace por la vertiente izquierda del Barranco de San Sebastián, aunque nosotros con la intención de suavizar el ascenso decidimos seguir un camino casi perdido que nos deja en una primera pista forestal. Seguimos esta pista hacia la derecha buscando el mencionado barranco, pero sin darnos cuenta nos lo saltamos o nos vamos monte a través antes de tiempo y empezamos a acumular errores al tiempo que nos vamos metiendo de lleno en una densa niebla. Una combinación casi tan mala o terrorífica como la del Licor 43 con vodka. Alcanzamos una segunda pista forestal y continuamos avanzando por ella hacia la derecha, alejándonos cada vez más del Barranco de San Sebastián. Finalmente, algo cansados de tanta pista, la abandonamos e iniciamos el ascenso directamente por las empinadas laderas de este calar. Paso a paso ganamos altura y después de atravesar un denso pinar llegamos a pie de una amplia pedrera cerrada por una imponente tapia. Superamos la pedrera en travesía hacia la derecha hasta un corto escalón rocoso que nos deja en el espolón oeste del Calar de la Rapa. E inmersos en la niebla seguimos acumulando errores.
Superando la pedrera envueltos en una densa niebla

Muy cerca de la amplia meseta en la que culmina este calar volvemos a desviarnos a la derecha por la cabecera de un amplio barranco. Sin darnos cuenta estamos circunvalando el Calar de la Rapa y para hacer realidad la advertencia que nos hizo nuestro amigo “El Gillo”, iniciamos el descenso por la vertiente opuesta a la que debíamos seguir. Como guía estoy quedando bastante mal. Estamos perdidos. No hay otra que echar mano al plano y el GPS del amigo Kiko. Es lo bueno de tener compañeros precavidos. Con frío, pero afortunadamente sin lluvia, logramos marcar las coordenadas UTM del Calar de San Sebastián en el GPS y dejar que sean ahora los satélites los que nos guíen y sitúen de nuevo en la ruta. Resulta curioso las pocas referencias geográficas que ofrecen estas altiplanicies pedregosas que son los calares, salvo quizás solitarios pinos “bandera” con sus caprichosas formas modeladas por el viento y las ventiscas, resultando fácil despistarse en condiciones de baja visibilidad.
Buscándonos en el plano...

Viejo tronco de un "Pino Bandera" partido por un rayo enmedio de la nada...
El conocido perfil del Calar de San Sebastián (2.165 m), donde hice noche en una pasada travesía por estos parajes, me confirma que estamos de nuevo en la ruta. Nos queda continuar el cordal en dirección Norte y una severa bajada hasta el Puerto de los Tejos (1.873 m) en la que nos sorprenden los abundantes arces (Acer granatense) que resaltan en medio del pinar con el amarillo intenso de su follaje otoñal. Una vez en la pista forestal que atraviesa el puerto decidimos hacer una parada para recuperar fuerzas y, como no, reconfortarnos cuerpo y alma con un generoso trago de la bota.
Bajando hacia el Puerto de los Tejos nos sorprenden estos arces con su vestimenta otoñal
Parece que la niebla quiere levantar lo que nos anima a continuar con el plan previsto que no es otro que remontar hacia el Norte la Loma del Gato hasta el Calar de Casa Heredia (2.167 m). Es una subida que, aunque ni el desnivel (no llega a los 300 metros), ni la pendiente son excesivos, se “pega” a las piernas después del empinado descenso que acabamos de hacer. Empiezan a aparecer las cicatrices que la actividad minera ha dejado en estos parajes con algunos pozos de mina que parecen conducir al mismísimo averno.
Las rampas de la Loma del Gato se "pegan" a las piernas después de unos buenos tientos a la bota en el Puerto de los Tejos

Viejos pozos mineros en el Calar de Casa Heredia
Desde la cumbre, la Hoya de Baza aparece iluminada en un extraño contraste de luces y sombras, mientras un poco por encima nuestra, el manto nuboso envuelve completamente al Calar de Santa Bárbara.
Empezamos a descender por la cuerda hacia el Oeste hasta encontrar una vieja vía de servicio de las Minas de la Cruz que nos deja en el Puerto de las Palomas (2.037 m). Tras una breve parada para reponer agua, seguimos por la pista forestal hacia los Prados del Rey. La niebla, el verdor de los prados, los majestuosos pinos albares nos transportan mentalmente a las “High Lands” escocesas. Pensamos hacer noche protegidos en el porche de la Caseta del Pozo de la Nieve, pero para nuestra sorpresa la encontramos abierta. Es una buena noticia, ya que aunque no pega mucho la “rasca”, la humedad cala los huesos. Desafortunadamente, el refugio ya sufre las consecuencias de estar abierto y ser accesible con coche, como las típicas pintadas, suciedad y destrozos varios que no voy a enumerar. Aun así encontramos en el piso superior una habitación y varios colchones en bastante buen estado que nos permiten dormir como lirones, a pesar de que mientras voy cayendo en las garras de Morfeo, los múltiples ruidos y crujidos provocados por el viento y la lluvia, me lleven en algún momento a pensar que alguno de los fantasmas de Elorrieta se haya trasladado a estos parajes en busca de un clima más benigno.
Desde el Calar de Casa Heredia la Hoya de Baza aparece extrañamente iluminada en la lejanía

Entrando a los Prados del Rey bajo unos majestuosos pinos "melguizos"

Los Prados del Rey envueltos en la niebla parecen una copia de los "High Lands" escoceses
La mañana amanece despejada y fría. Buena noticia, ya que durante la cena nos habíamos planteado el abandono si el tiempo seguía malo. Además podremos disfrutar del paisaje ya que la visibilidad durante la jornada anterior estuvo muy limitada. Después del desayuno volvemos a remontar la pista hasta el Puerto de las Palomas para cargar agua.
Amanece una fresca y despejada mañana. Al fondo, el viejo Pozo de la Nieve que da nombre al lugar y, en la llanura, el Jabalcón

Desayuno en nuestra "suite royal"

La Caseta del Pozo de la Nieve donde nos hemos refugiado esta pasada noche. Es una pena que el vandalismo esté haciendo ya mella en este confortable refugio.
Atravesando un imponente pinar ascendemos al Calar de Tejoletos (2.228 m) desde donde continuamos por la cuerda en dirección Oeste hacia el Collado Resinero (1.966 m). La claridad del día nos regala unas panorámicas impagables de todo el recorrido de ayer, el Altiplano Granaíno con el Jabalcón como un hito solitario sobre el Pantano del Negartín, las sierras jienenses y una Sierra Nevada ya blanqueada en los “tresmiles”. Lastima que mi cámara de fotos se haya quedado sin pilas. El Collado Resinero exige una parada y otro buen tiento a la bota para recargar pilas. Un desnivel de 189 metros nos separa del Picón de Gor (2.155 m), una imponente atalaya sobre la Hoya de Baza y desde donde divisamos el impresionante cañón labrado por el río Gor en Gorafe, una zona, por cierto, que concentra más de 200 dólmenes neolíticos.

Nos despedimos de los Prados del Rey y sus grandes pinos albares

En la cumbre del Calar de los Tejoletos mirando hacia las blancas cumbres de Sierra Nevada. El Picón de Gor asoma a nuestra derecha (Foto: Kiko)

Un solitario "Pino Bandera" (Foto: Kiko)
Un descenso por la ladera Sur del Picón de Gor nos deja en el collado del Poyo de los Jiménez (1.983 m). Unos ciervos nos observan cautelosamente desde la lejanía mientras seguimos la cuerda en dirección Sur hacia el Calar de las Grajas (2.081 m), cuya cumbre es en realidad una depresión de paredes escarpadas, una pequeña torca que parece una miniatura del famoso Torcal de Antequera. Otra corta bajada hasta los 2.025 metros y, siempre en dirección Sur, volvemos a ganar altura para hacer la última cumbre del día y de esta travesía, el Calar de las Torcas (2.081 m). Un merecido trago de vino y tras asomarnos a los vertiginosos escarpes que dan vista al valle del Gor por donde iniciábamos esta ruta ayer por la mañana, buscamos la mejor zona para afrontar el fuerte descenso hasta la localidad de Las Juntas. Afortunadamente, el terreno mullido por la lluvia nos facilita la bajada, con mucho la más dura y empinada de todo el recorrido.
Vertiginosos tajos desde los que asomarse al Río Gor en el Calar de las Torcas (Foto: Kiko)

Duras rampas nos separan de Las Juntas desde donde empezamos ayer esta travesía por los calares del Gor
Una vez hemos llegado de vuelta al coche y tras comprobar que las rodillas siguen intactas y en su sitio, nos felicitamos de estas dos jornadas vagando por los Calares del río Gor. Es ahora cuando uno comparte en su más hondo significado aquellas palabras del escritor escoces Robert Louis Stevenson con las que empecé este escrito. Solamente nos queda el viaje de vuelta, eso sí, previa parada en algún “bareto” para refrescar nuestros resecos y sufridos gaznates.
La ruta:
Esta no es una ruta extrema. Nada más alejado de la realidad. Sin embargo si se debe considerar una travesía exigente que recorre en su mayor parte un territorio áspero como es el de los calares y que aunque no afronte grandes desniveles de una sola tacada, sí que va acumulándolos en un continúo sube y baja en lo podría definirse con el expresivo apelativo de terreno “rompepiernas”.
La primera jornada es la más dura, aunque también la que recorre paisajes más variados. Así, comienza remontando la cabecera del río Gor con su vegetación de ribera para encaramarse al Calar de la Rapa (2.239 m), la mayor altitud de la travesía. Es en esta parte del recorrido, como resulta lógico, donde se acumula el mayor desnivel del día (749 metros). Entramos en el reino de los calares, cumbres redondeadas, casi altiplanicies en casos como el de la Rapa, de terreno pedregoso densamente tapizado de sabina rastrera (Juniperus sabina) y donde prácticamente las únicas referencias geográficas son los “pinos bandera”. Ojo, por tanto, a la niebla y la baja visibilidad. El recorrido continúa por la cuerda, primero en dirección este y después norte hacia el Calar de San Sebastián (2.165 m). Dura bajada al Puerto de los Tejos (1.873 m), donde se puede conseguir agua (ojo, si este punto de agua estuviera seco, hay que descender por la pista en dirección sureste hasta el Cortijo de las Cuevas del Herrero)y se vuelve a remontar la cuerda en dirección norte hacia el Calar de Casa Heredia (2.166 m). Desde allí tomamos la cuerda en sentido noroeste hasta el Puerto de las Palomas (2.037 m). Siguiendo ahora la pista forestal en dirección norte encontramos un tornajo para el ganado donde podemos recargar de nuevo las cantimploras. Estamos en los Prados del Rey, unos prados de alta montaña rodeados del bosque relicto eurosiberiano de pino silvestre o albar (Pinus sylvestris subesp. Nevadensis) más al sur de Europa. Continuando por esta pista y desviándonos a la izquierda en el segundo cruce que encontremos, llegamos a la Caseta del Pozo de la Nieve, un refugio situado justo en la umbría del Calar de la Boleta donde pasar la noche a cubierto, siempre con el permiso de los vándalos. Aquí también podemos visitar el pozo de la nieve que da nombre al paraje y que ya citaba el Marqués de la Ensenada en su catastro del año 1.753. En la Caseta del Pozo de la Nieve concluimos el primer día de la travesía.
Resumiendo, un total de 9 horas con un recorrido de algo más de 20 kilómetros y 1.400 metros de desnivel acumulado. Ojo, habría que descontar de este cómputo los 3 a 4 kilómetros y una hora y media a 2 horas correspondientes que nos supuso nuestro despiste en el Calar de la Rapa.
La segunda jornada se inicia con la ascensión al Calar de Tejoletos (2.228 m) por su vertiente norte. Una vez ganada la cuerda, continuamos en sentido oeste, descendiendo al Collado Resinero (1.966 m) desde donde volvemos a remontar hacia el Picón de Gor (2.155 m) por su vertiente oeste. El Picón de Gor se baja por su cara sur hacia el Collado de Poyo Jiménez (1.983 m), continuando el cordal en esta misma dirección (sur) hasta los calares de las Grajas (2.081 m) y, finalmente, de las Torcas (2.078 m). Desde el Calar de las Torcas hay que comenzar el descenso en dirección suroeste asomándonos a los tajos para buscar la bajada más factible a Las Juntas. Ésta se hace por una ladera de gran pendiente y terreno pedregoso que requiere intuición montañera y rodillas poderosas.
En esta segunda jornada echamos un total de 6 horas para un recorrido de aproximadamente 12 kilómetros con 700 metros de desnivel acumulado.
Croquis de la "Travesía de los Dosmiles del Río Gor". En azul está el tramo que andamos pérdidos en la niebla
Para aquellos que estéis interesados en obtener más información de esta sierra os dejo este interesante enlace con la web de “Proyecto Sierra de Baza”.
Grupo de avezados montañistas: Elena Campoy, Kiko Ruiz, Víctor, José Salazar

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

AL LORO: ROBOS DE BICIS EN EL CAMINO ANTIGUO DE ENIX

Compañeros, especialmente ciclistas de montaña, al lorito con esta info que confirma lo que ya se venía comentando sobre los robos de bicicletas de montaña en el Camino Antiguo de Enix:
 http://ciclismo-almeria.blog.com.es/2012/11/27/robos-de-bicis-y-agresiones-en-pista-de-peseta-15255094/
Por tanto, mucho cuidadín a los que os soléis aventurar en este habitual recorrido de BTT en Almería. Parece que en estos tiempos de retroceso social en los que vivimos inmersos comienzan a aparecer "remakes" de Vaquillas y Toretes, dos de los delincuentes juveniles más conocidos de los ocenta... 
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